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Mercedes Martel
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Hemos oído que la muerte forma parte de la vida. Nacemos, crecemos, nos desarrollamos, envejecemos -con suerte- y nos morimos. Lo hemos estudiado desde el cole. Con los hijos, el tiempo corre más despavorido. Sin ellos, te cunde más para dedicarte a tí, pero se va igual. Leímos a los filósofos y escritores sobre la obsesión del paso del tiempo. Digan lo que nos digan, nos resistamos o no, empleemos el tiempo bien o mal, siempre nos acabamos yendo.
También se van los nuestros. Una vez me crucé con la eterna e impecable presentadora de los telediarios, Ana Blanco. Acababa de morir mi padre. Me preguntó un "qué tal" a forma de saludo y un "muy mal" me salió del alma. ¿Por qué?, me preguntó. Mi padre murió este verano. Vaya, dijo. Yo, intentando quitarle hierro al rápido encuentro de pasillo le dije, bueno, es ley de vida... Ya..., me contestó, ...pero es duro.
Y tanto que duele. Hoy tengo la imagen de una familia muy próxima. A mi amiga Isabel se le ha ido su padre. Se le ha ido un trozo de vida. Y el trozo más grande se lo han arrancado a su madre. Begoña vivirá siempre con José Luis. Porque los maridos de oro no se van. Pero ya no podrá verlo y eso duele harto.
Ahora toca el duelo. Begoña madre e hija, Ludi, Belén, Jose, Marta, Alfonso y Tito... e Isabel. Una madre, 8 hijos y decenas de nietos, de más a menos, sufrirán ese vacío que parece infinito, irrellenable, inconsolable...
El tiempo pone una pátina. Mientras enfriáis el dolor, gran familia, que recibáis muchos, muchos abrazos y compañía. Yo desde aquí os envío uno muy sentido. También a todos los que hayan perdido recientemente algún ser muy querido.
Buena semana
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Emma de león
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A punto de cumplir 44 y después de un año entero sin escribir, me siento ante esta pantalla, teclado y ratón y espero a que me llegue algo de inspiración
Han pasado muchas cosas, todas buenas, en este año de barbecho escritor. Mis hijos crecen y yo engordo, comienzan a salirme canas y las prioridades en mi vida empiezan a ser otras.
Ya no me importa no ser la mujer diez que fui con veinte años, tampoco el no estar a la última, incluso me da igual si no llego a fin de mes y si mis mechas no están perfectamente dadas, no me importa tener la casa hecha un desastre y tampoco el desorden de mi armario.
Me importan otras cosas.
En primer lugar me importa que mis hijos sean felices, que se sientan queridos y que estén contentos con lo que son.
Me importa mi matrimonio, mi marido al que quiero tanto y que en este momento no cambiaría por nada.
Me importa que mis padres, a los que adoro, sigan estando, que se sientan bien, que sigan dándome su opinión y diciéndome que es lo que ellos harían en mi lugar. Al final los padres siempre quieren lo mejor para los hijos.
Me importan mis hermanas, a las que quiero a pesar de mis cuñados.... y también gracias a ellos.
Me importan mis amigos, sus problemas, sus alegrías, sus avances.
Me importa el negrito que pide en Mercadona, si ese, el que tiene el periódico en la mano y que con una sonrisa que le recorre la cara, te da los buenos días esperando que te acuerdes de darle algo a la salida.
Me importa ese señor que se cruza conmigo por la calle y va pensando en sus cosas, con sus problemas con su historia.
En definitiva, me importan las personas.
A punto de cumplir 44, tengo la sensación de que un tsunami ha pasado por mi vida y ha revuelto todo. Pero a diferencia de los tsunamis que ocurren en la tierra, este tsunami interior lo que ha hecho es ordenar lo desordenado. Poner cada cosa en su sitio.
Os deseo todo lo mejor para este nuevo año que comienza. Ojalá que este tsunami que ha revuelto mi vida, revuelva también la vuestra.
FELIZ 2012
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No acumulo anios, los dejo pasar |
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Mercedes Martel
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Desde hace dos semanas no se habla de otra cosa. Aunque esa cosa es
previsible y normal en días
estivales como éstos. Ese
asunto que tanto nos ocupa en las conversaciones de ascensor es el calor.
¿Por qué hablamos tanto y, sobre todo, tan
sorprendidos, de un fenómeno
tan natural y propio de una época
del año? Parece que no tuviéramos memoria... O no tuviéramos otra cosa mejor que hablar. O
no quisiéramos...
En mi caso así es. Me
duelen mucho dos personas. Por eso, esta semana aparco la ficción y mis personajes para desahogarme
y, si fuera posible, dar ánimo
y coraje a quienes sufren enfermedades.
Una de las personas que me duele, está
al final del túnel. Convalece
de una operación, pero ya sin
riesgos. Desde aquí, Miss García, mucho, mucho ánimo. Nos vemos pronto... Aunque
sea en un centro de desintoxicación
de hierro y morfina.
La otra empieza el túnel...
Creo que lo mejor para sobrellevar palos de esta envergadura es recurrir al
humor o, simplemente hablar de otra cosa. Como del calor ya estoy aburrida,
improviso un post, como improviso esos mensajes absurdos e inconsistentes, para
que durante unos segundos mis dos amigas no piensen en su dolor.
Hace una semana me escapé a
un pequeño pueblo de
Guadalajara, Imón, cerca de
Sigüenza. En un pequeñito hotel, pero muy cuco, nos
escondimos una noche. Los dueños
del lugar, una pareja de gays, te hacían
sentir los reyes de la existencia. Buscando agradar en todo momento... pero sin
atosigar. Un sencillo lujo. Fuera, recordando que no somos nadie, unas salinas
romanas, que veíamos dede la
torre de la hospedería.
No hubo cena romántica,
sino de pueblo. Eso sí, el romanticismo fue constante durante la escapa, menos
en la "intimidad" del cuarto de baño, que
desafortunadamente no tenía puertas...
No hubo cena romántica,
pero la cena en Atienza fue rica, rica, rica. Un encargado, con aspecto de
cocinero vasco, fue despachándonos
unos platos de rechuparse los dedos. En cantidad, calidad y buen gusto.
En la mesa contigua, otra cena familiar. Iban llegando los comensales y como
el restaurante era pequeño era
imposible no seguir la conversación
de nuestros vecinos. De todo lo que oí y sonreí, me quedo con la respuesta del
más anciano de la mesa. Un octogenario, recio, con pinta de haber trabajado
duro, pero con un aspecto sano, despejado y estupendo. Estaba otro de los
parientes hablando de sus males, con sus ya sesenta y pico años. Viendo
que el más viejo estaba callado, uno de los nietos le preguntó. Abuelo, y
¿tú cómo haces para estar así de bien? Y el hombre contestó "Es que yo no
acumulo años, los dejo
pasar...."
Yo voy a dejarlos pasar todo lo intensamente que pueda...
Amigas que sufrís: os contaría un buen chiste, para que os riáis. Pero no lo
hago, porque tengo muy poco gracia. Que cada semana sea un poco mejor o, al
menos, no empeore. Mucho ánimo. Mucho. Todo el que necesitéis hasta
llenar vuestros depósitos de energía. Lo hago extensivo a quien me esté leyendo
y lo necesite.
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Mercedes Martel
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En un lugar de Emilia Romagna, que es lo mismo que decir de Castilla León,
pero en el Norte de Italia, viajó la familia Von Trapp itagnola. ¿Quién es esta
familia medio bota, medio alfombra de vaca? Son unos personajes que Federica Rampante
descubrió en su reality show. Un episodio en el que buscaba "gente
normal" con talento aparecieron unos niños que cantaban como ángeles. Una
madre como Susan Boyle, pero más a lo Barbra Streisand físicamente y un padre
como Maurizio Pollini, pero en bruto, sin pulir musicalmente. Con esta familia,
La Rampante
se inventó un programa, tipo psicoanálisis con diván, pasando por un coach express,
para reorientar las vidas de estas almas, de las que exprimió su talento
musical. Un programa que podría haber dirigido y presentado aquí Isabel
Genio... y figura.
En Londres, la familia Von Giorno invitó a la Rampante a pasar unos
días en el campo donde ellos descansan los fines de semana. Federica dejó su
gran proyecto por unos días para ir a Travo,un pueblito casi escondido muy
cerca de Piacenza. Qué desconexión, cuánto necesitaba relajarse y pensar. En
Trabo no sólo viajó físicamente, también mentalmente. Fue como introducirse en
la ficción de una película italiana. Si alguien ha visto "La meglio gioventù" se haría una idea
de lo que vivió tan intensamente la
Rampante durante dos días. Fue como concentrar en unas horas
las múltiples y variadas vidas de una gran familia italiana, que a diferencia
de la española, es más cambiante, más diversa, más... intensa.
Cuando seáis viejos, recordaréis
lo que os digo... Decía la gran mamma ynonna.. Cuánto se valora
un fin de semana con toda la familia, es como un repaso de toda tu vida, como
ver de golpe los procesos vitalies de cada uno, de uno mismo, de los hijos y
todo tu entorno. Ver la evolución de tu propia vida reflejada en tus seres
queridos. En definitiva, supongo que estos encuentros familiares y con
amigos, te dan cuenta del paso del tiempo en tí mismo y en tu
alrededor. Ese tiempo que conseguimos retener, para gozo de la Rampante durante 48
horas. Ese tiempo que disfrutamos comiendo, riendo, bebiendo... siempre en el
campo, sin apenas civilización, ni localidad cerca. Sólo alguna casa y una treintena
de personas, que fueron aumentando en número. Porque a la familia Von
Giorno se les fueron uniendo los paisanos de las casas cercanas. Y los
comensales espontáneos se multiplicaron de forma natural. Todos con todos.
Alice, una niña down, que hablaba en español con Federica Rampante. Katerina,
una niña de 4 años, gamberra y divertida, que provocaba a los niños con sus
pedorretas y sus risas. Entró la noche casi sin darnos cuenta y al día
siguiente seguimos de fiesta sin interrupción, apurando hasta el último minuto.
No bailamos, ni cantamos... porque
es el Norte de Italia, no el Sur... Pero fue de lo más liberador. La Rampa ha vuelto a Londres
completamente "reseteada". Los Von Trapp siguen cantando en el coche
cuando viajan, mientras esperan que aparezca un agente comercial que los
promocione o esa productora que les haga un cedé. Disfrutan igual y su vida no
se descompone con los éxitos. La
Rampa consiguió profesionalizarlos y los Von Giorno han
conseguido dar lucidez y sosiego a la
Rampa.
Bonito intercambio. ¡Qué bueno
rollo, del que quería hacerme eco esta semana!
¡Sed felices que la vida es un
suspiro!.
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Mercedes Martel
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Mortadela volvió de
Estrasburgo exhausta. Demasiadas emociones. No acostumbra a viajar y, tanto avión y aeropuerto, fue como si a un niño le mandaran de campamento por
primera vez. Muchas situaciones nuevas. Otros idiomas, percances con los
vuelos,,, Por las noches, no se dormía...
se "desmayaba".
Tanta gente nueva de golpe. Tantos políticos.
Tantos funcionarios. Todos políglotas.
Cuando preguntaba o saludaba no sabía si hacerlo en inglés, francés,
español.... o con una sonrisa.
Llegada al Parlamento Europeo con gran confusión.
En realidad, fue al Consejo de Europa, una institución que nada tiene que ver con la UE. Sólo
que las dos son europeas. Del Consejo al Parlamento. Un rodeo con los tacones,
las medias de descanso y una americana, que empezaba ya a perder el efecto del
planchado. Por fín, el
hemiciclo de los 27 estados miembros. Grande. Muy grande todo. Y muy complicados
los accesos. Desde la acreditación
hasta llegar al punto de encuentro entre periodistas y políticos, que se llama el "Lobby
set". Allí suelen hacer
las declaraciones los eurodiputados. Está
lleno de cámaras, micros que
sobrevuelan el espacio... También hay un estudio de televisión.
Lo primero que hizo Mortadela fue buscar su equipo de cámara y sonido. Bon jour... Je
suis... mmmm... Io sono... ¡¡
Nada, que no me salen las frases enteras!!! Je suis de la Telé
spagnolá y olé... ¡Por fín! Recibo sonrisas de los cámaras, que son muy de agradecer. Con la cara de
"quéhagoaquí", entrevistó a una de las euroseñorías.
Cuántos problemas tenemos en
Europa, que debaten desde el Parlamento con mucho ahínco, pero con poca visibilidad. Y más euroseñorías
españolas le contaron a una
Mortadela que no se creía lo que estaba viviendo las cosas de la política
europea.
Del pepino, se enteró lo mismo que llegaba a España a través de los medios. Perdida como estaba, no
sabía dónde estaban las fuentes. En la sala de prensa, los
"periolistos/as" seguían el Pleno... Pues... ¡para eso no hace falta
viajar hasta Estrasburgo. Digo yo. Ya que vas, hay que buscar la noticia en los
despachos. Mortadela lo intentó. Hizo amigos, pero no logró saber mucho más.
Como tampoco lo sabe el resto del mundo mundial. Que no saben de donde viene la
bacteria asesina. España, también desde Estrasburgo, sigue peleando para que
nos indemnicen los daños hecho
por Alemania a costa de nuestro pepino. De momento, nos ofrecen un dinerito,
pero ni disculpas, ni reconocimiento del mal. Los alemanes lo han hecho bien y
no van a rectificar. Sólo
faltaba.
¿Qué es el pepino? Me preguntó, con un acento muy francés, el cámara. No me
acordaba de la palabra en francés y se lo describí... Qué guasa con el pepino.
Cómo se reían con la palabra que tan divertida suena en español.
Y el último capuccino que
me tomé en Estrasburgo, la
espumita que se forma en la superficie, dibujó
un corazón. Qué bonita la ciudad francesa. Qué bueno el foie y la cerveza.
Qué bien la vuelta a la
rutina.... Uaaaaggg....
¡Ánimo con la semana! El
verano está a la vuelta de la
esquina.
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