Mamá, ¿tú tienes colita?. No, hija, yo no tengo colita. Yo tengo culete como tú. Ah... ¿Y papá? Papá tiene colita como tu hermano, porque los chicos tienen colita y las chicas, culete. A ver mamá...
Y después de mirar, repitió como una letanía que ella tenía culete porque es chica como yo, y papá, su hermano, colita como todos los chicos...
Es la edad de las colitas y culitos, de las preguntas, de la curiosidad. Mi querido primo Iñaki dice que luego ese momento vuelve cuando empiezas una relación, no importa a qué edad... Porque en la madurez también pasamos la etapa de colitas y culetes...
Es tan divertido con la naturalidad que hablamos cuando somos niños de las partes íntimas... También de los pedos y las cacas. Ése es un tema un poco más feo, pero muy despejante. Cómo se ríen los niños con un simple pedo desprevenido... y algunos mayores. Ya no sólo el hecho escatológico en sí que les divierte, es hablar de ello lo que les provoca hilaridad... y algunos mayores!. Yo, desde luego, soy de las que me río a pierna suelta con todo lo "brown". Reconozco lo bajo que caigo, pero debe ser de familia....
A mi abuela noruega, Mercedes, recuerdo que se desternillaba con estos temas.
Además era una gran maestra, lo que heredó alguno de sus hijos, que contaban verdaderas guarrerías. Me abstengo porque sé que a mucha gente le dan asco estos pormenores. A veces somos muy pudorosos y lo respeto. Pero era muy divertido ver a una señora marquesa tirándose un pedo. Si a alguno le molesta, pido perdón.
Buena semana, que no os apriete la crisis, que os cuenten un buen chiste y seáis lo más felices que podáis. Gracias por haber llegado hasta aquí.
Hace años, cuando era "jovencita" nunca tomaba
café. No me gustaba, para mí
era esa bebida amarga que a veces me
obligaba a beber si estudiaba de noche y la Coca Cola ya no me
hacía efecto. La única ocasión en que bebía café, aparte de la época
estudiantil, era después de cenar si me
invitaban a una boda, para aguantar "el trasnoche".
Pero de unos años a esta parte, sobre todo desde que soy madre,
me declaro abiertamente
adicta al café. Al principio era sólo una manera
de "despertarme" por las mañanas
en el trabajo de turno. Pero poco a poco empezó
a gustarme y ahora hay días en que me
tomo uno por la mañana
y otros caen dos (aunque hay días, también es
verdad, en que no tomo café).
Me parece una excusa estupenda quedar para "tomar
un café", aunque después te tomes un zumo
de naranja o cualquier otra cosa. La frase es ya una tradición, ya sea por la mañana,
a media tarde o incluso por la noche. Salvando
la hora del aperitivo, sagrada en nuestro país (afortunadamente),
cualquier momento
es bueno para quedar y tomar un café.
Hace unos días, alguien preguntó: "nos tomamos
un café?" y otro alguien contestó "prefiero Coca Cola". Pero la idea es la misma:
compartir un rato, una conversación, un
proyecto.... Y de esto se aprovechan, cómo no,
las grandes empresas. Me explico: antes ibas a
un bar o una cafetería. Ahora puedes ir a un café, Coffee Shop o como
más te guste. Además
cada vez hay más modelos
de cafeteras monodosis, el colmo
de la simplicidad y la comodidad
(y que conste que yo tengo una que mi amado
esposo pidió a Melchor, y aunque no venga George Clooney a prepararme
el coffee cada mañana, no me
quejo). Antes te tomabas un café con leche,
cortado, solo o con hielo. Ahora te puedes pedir un capuchino, un suizo, un
vienés, un irlandés (esto parece un chiste), con leche entera, desnatada, de
soja, con sacarina, azúcar blanquilla, azúcar moreno....
En fin, que para poder trabajar en algunos Cafés hace falta un máster.
El otro día quedé con una de mis hermanas
para desayunar. Yo pedí un café largo de café, con leche desnatada y azúcar moreno
(y un toque de canela). Mi hermana un café
descafeinado con leche de soja y sin azúcar. Yo pedí la leche fría y ella bien
caliente. La cara de la chica que nos atendió, como
diría mi madre,
era un poema.
Mamá, tienes la cara como la arcilla cocida... Hijo, ¿qué
quieres decir? ¿qué la tengo mal? No, mamá, que la tienes de color del barro
cocido... Aaah, vale y por dentro me quedé dudando si mi hijo se refería al
color, o a la textura rugosa... Pero lo cierto es que el color de mi cara es
como el de la arcilla, por el sol que me ha pegado este fin de semana en el
campo.
Varias familias, todas de llegadas de la gran ciudad, nos
hemos desplazado a la Romería de Villahermosa (Ciudad Real).Un
francés, un italiano, un marino,un ingeniero y un informático, con sus respectivas mujeres,
todas de letras ... creo, y muy inteligentes todas. En realidad me da un poco
igual a lo que nos dedicáramos en la vida este espontáneo grupo de amigos,
porque una vez que te juntas en un pueblo a pasar dos díascon sus
dos noches, sólo quieres ser tú, esa persona que dejaste en tus tiempos mozos y
divertirte como en un colegio mayor, en el que nunca he estado y siempre he
imaginado. Aunque los años, los kilos y los hijos pesen ya un poco
en esas juergas.
Al grano. La pija y el resto del grupo han intentado
mimetizarse con el ambiente de un pueblo de La Mancha, de cuyo nombre no quiero
jamás olvidarme. Villahermosa está muy cerca de las Lagunas de Ruidera, donde
nace el río Guadiana. La gente del lugar reivindica su nacimiento en Laguna
blanca, menos famosa y mucho más salvaje.
Hemos estado por la ruta de Don Quijote, en la posada donde
dicen que le mantearon. También, salvando las distancias, cuentan los lugareños
que el Rey va a cazar. La gente importante coincide siempre con la gente más
sencilla, con la mejor gente. En Villahermosa celebran San Isidro Labrador,
porque es pueblo de campo. Y ¡qué campo lucían este año, madre mía! Campo de
poesía. Y en el campo nos hemos pegado una jornada de comer,
beber, reir y cantar, como sólo sabemos los que allí hemos estado. Porque para
disfrutar en el campo hace falta muy poco, pero tiene que ser con la compañía
adecuada.
Para un pija urbana como yo, experiencias tan rupestres como
ésta son, aunque parezca increíble, las mejores. Pienso en Delibes que
vivió apartado de la ciudad y me gustaría ser tan inteligente como
él. O como los que paran en pueblos como Villahermosa, donde, por cierto, hay
"rascasuelos" y se habla el calducho. Las mujeres se ponen el "chori" en los
labios, no la barra de labios, se conducen los "vículos" o "entomóviles", se va
a ver una "penícula" o un "flin" y se "ronchan rosetas" en lugar de comer
palomitas.... "Graaaaa", que signfica gracias a dios o qué me dices...es lo que se contesta cuando te cuentan algo y no sabes qué decir y "creo
que... " lo traducen como "Quique... " Todo un lenguaje que, yo no
entiendo cómo el Senado, siendo la cámara territorial, no se plantea
¡¡¡llevar el calducho a los plenos y comisiones de sus señorías!!!
.
La Mancha es mucho. Yo la he saboreado este fin de semana.
Espero seguir conociéndola...¡Gracias Villahermosa y esos vecinos
generosos!
Voy a hablaros de
los grandes palos que te propina la vida. A veces, los ves venir, otras te
sorprenden. No sé qué es peor. Cuando te sobreviene una terrible noticia
personal, es imposible predecir cómo vas a reaccionar. Esas sorpresas pueden dar
un vuelco a tu vida y a las de tu entorno. Conozco muchas personas que han
sufrido una hecatombe, como los son una enfermedad grave, la muerte de un ser
muy, muy querido, un tremendo accidente... Entonces sale un yo que antes no
conocías.
Hay gente que me ha
sorprendido por su entereza, por los escudos que usa para evitar más daños de
los justos. Otros, en cambio, más fuertes en aparencia, se vienen abajo, se
hunden. Son los misterios del ser humano, los misterios de la vida.
Cuando te toca una
tremenda desgracia, te llevas, primero, una gran sorpresa. No te lo puedes
creer. Es como si pensaras que nunca te va a pasar nada malo, como si nos
creyéramos inmortales. Pero la lotería de la vida es azar y capricho. No lo
asumimos nunca, ni cuando nos pasa algo tremendo. De la incredulidad, pasamos al
gran golpe, el descalabro. Se nos cae el mundo ante el drama personal y luego
ya, dependiendo de la duración de la desgracia vamos remontando o hundiéndonos
en el fango, según personas y circunstancias.
Cuántos héroes y
heroínas he conocido, que sufren en silencio y en soledad. Porque normalmente en
estas circunstacias, se está muy solo. Pienso en dos "foreras" de Demadres, en
realidad son más que "foreras", -y hasta ahí puedo decir...- que superaron
sendas historias, para mí épicas, más que cualquier que la de cualquier
descubridor de tierras. Por esas heroínas en la sombra, que luego resurgen de
sus males y nos insuflan toda su energía y optimismo. Por ellas, por la piedis y
marilús que haya por el mundo, dedico mi modesto blog semanal.
Que disfrutéis de la
vida cada hora, ¡que la muerte viene sola!
Me preguntaba una amiga sobre mis vacaciones de verano. Nos pusimos a hablar
y a contarnos mutuamente nuestros planes e intenciones.
Buscamos campamentos para los niños de manera compulsiva, desgastando google
y asaltando todo tipo de páginas. Leyendo con ansiedad y buscando el horario
más largo y el precio más barato.
Encajamos posibilidades, solicitamos plazas y tratamos de casar lo mejor
posible todas las opciones.
Comentamos también nuestras escapadas de no más de veinte días y los lugares
que tenemos ya elegidos para pasar estas merecidas y ansiadas vacaciones.
El resumen de la conversación se reduce a que en julio los niños van de
campamento en campamento mientras los padres trabajan y en agosto vacaciones en
familia de prácticamente un mes.
Antes las cosas eran distintas.
Cuando yo era pequeña, el último día de cole era un día de fiesta pero no
por el hecho de terminar el colegio, sino por el comienzo de la gran aventura
del verano. Al día siguiente mi madre preparaba las maletas ynos metía a las siete en el coche. Era un
Seat 124 familiar, de cinco plazas y un buen maletero. Nos acoplábamos como
podíamos pero cabíamos. Metíamos las maletas, el canario, la guitarra y las
ganas de campo, de excursiones y relax. Cogíamoscarretera y después de supongo varias paradas
y varias canciones llegábamos hasta la casa de mis abuelos en Hervás, aquella
casa de los ratones en el desván.
En esa casa veraneábamos con nuestros primos y abuelos. Era un reencuentro
apetecible y caótico. Mil cosas que contar y que escuchar y muchos planes para
los dos meses siguientes.
Eran vacaciones largas y tranquilas, de juegos de mesa y excursiones
furtivas al rio. Tardes de digestión obligada y paseos a la ermita. Noches
frescas con chaqueta y largos cuentos contados por mi abuelo en el porche de la
casa.
Pasaban los días entre trastadas, risas, siestas, caminatas, amigos...
A mitad de verano llegaba mi padre. Terminábamos las vacaciones todos juntos
y a final de agosto estábamos deseando volver al colegio, estábamos descansados
y aburridos ya de descansar. Necesitábamos otra vez actividad. El comienzo de
curso era deseado y teníamos la mente despejada y dispuesta para estudiar.
Pero ya nada es igual.
Condenamos a nuestros hijos a campamentos con amigos forzados y horarios
impuestos. Sin posibilidades de escapadas furtivas y separados de la familia.
Nos vamos de vacaciones 15 ó 20 días para aprovechar un hotel carísimo en donde
otra vez nuestros hijos no pueden ser niños.
Yo quiero una casa en un pueblo para que mis hijos tengan los mismos veranos
que he tenido yo. Un lugar donde puedan ir con amigos y compartir escapadas y
experiencias. Vacaciones de dos meses y aire libre. Quiero pasar con ellos todo
el verano en un lugar tranquilo, sin contaminación, donde las estrellas se
puedan contar y donde los árboles sean incontables.