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No sé cómo
serán las grandes fiestas sociales que se hacen por "estar" en el candelabro,
pero sí tengo la suerte de haber vivido alguna gran fiesta de amigos, de los de
verdad. Como la que viví este fin de semana, por el cumpleaños de mi hermana
mayor, mi única hermana.
Cuando a
los asistentes a una fiesta, les une un enorme cariño a la anfitriona, el rollo
-permitidme la expresión- es otra cosa. Mi hermana hizo los 50 y con ellos
reunió a los "importantes" de su vida. Tuvo que acotar, porque sino se le iba la
cifra... ¡y superamos el centenar!. Entre esas personas "importantes", había algún
personaje público, pero como la fiesta era privada no lo desvelaré. Porque los
personajes, son personas también, aunque a veces no lo parezca, y mi hermana los
invitó como amigos. Ellos también dejaron constancia de su enorme cariño por mi
hermana.
Entre esas
personas importantes para mi hermana rescató muchos amigos del baúl de los
recuerdos. Esos que se pierden por el camino, pero sigues queriendo igual. Que
cuando abres tus álbumes y los ves, sonríes con mucho cariño. Pues de ese gran
número de álbumes acumulado en una vida social intensa como la de
mi hermana, cobraron vida muchos amigos. Yo, -con menos años que mi hermana-,
los recordaba con la fascinación de la hermana pequeña, que mira a los mayores
como si fueran dioses.
Una de sus
primeras amigas, Chiqui, que vino desde Asturias. La recordaba con 30 años menos,
como una modelo con su bikini, la sonrisa peremne como si formara parte de ella
y una paz casi zen. Muy cambiada, pero igual de guapa, con la misma sonrisa y
mirada de paz, de esas bellezas que salen de dentro y no hay paso del tiempo que
se le resista. O como Marta G.S., la amiga pecosa del clan gaditano, tan linda y
pizpireta, con esos ojitos azules y cara de muñequita... y con ella sigue. Todo el
grupo de marinos de Cádiz vinieron para estar con mi hermana... Mi prima Carmita,
tan imponente y sencilla a la vez, con alma tan juvenil. Boba, otra parienta
especial, con hija especial, como sólo puede tener un persona tan llena de
matices. Enrique y Asunción, esos primos que descubres con la edad y son uno de
los mayores regalos que nos ha dado la familia.
Había
guapos que se habían quedado en ... bueno, agradables... (Aquí no me meto en
nombres, porque la lío) Otros que fomentando su personalidad, siguen siendo
geniales como Pareja, que argumentaba que los de su generación no bailan, no por
falta de ganas, sino por la artrosis... Los fotógrafos, que trascienden del
trabajo para ser buenos amigos.
El grupo de
Kiko, al que no conocía personalmente, y recordaba como los amigos del piano,
porque creo que mi hermana hacía planes y alguno tocaba el piano... Igual no es
así exactamente, pero así lo recuerdo. Encantadores. Sandra y Maldonado,
siempre tan cariñosos. Qué gusto tener amigos así.
Agustín y
Cristina, una pareja abierta, divertida y con tanto que contar. Y es que, cuando
has vivido tanto, es una gozada rescatar gente. También vinieron del Norte,
Julia, del País Vasco, Susana y demás con "parejos" del clan gallego, se
desplazaron hasta Madrid para estar con mi hermana. La sempiterna Villa que no
parece que pase el tiempo por ella y por su sonrisa. Lorenzo, ejemplo de que
cuanto más genial, más sencillo. Mariano, ese gran señor, también ejemplo de
cuanto más inteligente, más cercano, un lujo de amigo. Su mujer, guapa, guapa y
requeteguapa.
Entre las
grandes amigas de siempre, Isabel la mejicana, otra pecosa con cara de traviesa,
que junto con su hermana han sido tan importantes para mi hermana. La familia
Gutierrez (Patricia vino de Zamora) María y Juan vinieron de Granada. María
Jesús, Muki, Orlando, ... Los Aizpunes vinieron 3... Uno vino desde
Pamplona.
Ventura que vino desde Alicante. Bea y Alonso, la Johansson y
Angeles Martin Falquina. Beatriz M. del B., una súpermadre modesta, que sonríe a
la vida. Montejo y Alejandro, que hicieron un gran esfuerzo para llegar a tiempo para dar un beso a mi hermana.
Y por último, el más importante, Juan Carlos y parte de la nueva familia
de mi hermana. Como si nos conociéramos de toda la vida.
También un recuerdo especial a los que no pudieron estar, por estar allende los mares, cuidando nietos o cuidándose a sí mísma de una difícil enfermedad.
A todos y cada uno de ellos ¡GRACIAS! No puedo mencionar a los más de cien aquí, pero sí decir que todos y cada uno de ellos fueron y son muy importantes para mi hermana. Vinieron desde puntos muy diferentes
de España, viajaron para hacer sentir esa noche a mi hermana la más feliz, la
más querida. Un baño de cariño, que te deja un aroma muy rico.
Muchas gracias en su nombre.
Que
disfrutéis de la vida, que la muerte viene sola... Yo, voy a intentarlo.
Mercedes Martel
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