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Cambiar las conductas de los hijos | Cambiar las conductas de los hijos |
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Al actuar de un modo determinado es básico observar qué lo motivó. Ahí estará la clave para poderlo modificar, encontrar qué resorte despierta esa acción. Todavía en algunos contextos existe la creencia sobre que una persona tiene un comportamiento o conjunto de ellos asociados a su personalidad, circunstancias y genética. Así, estos, se hacen inamovibles y fuera de control de la persona. ¡Una buena forma de escapar de la propia responsabilidad! Hay tres puntos a tener en cuenta sobre los comportamientos para romper esos mitos y por fin tener la clave del cambio en tus manos. 1. El comportamiento se aprende. No depende de la genética, aunque si se nutre de las vivencias de la infancia, principalmente bebe de la primera fuente, los padres. Basta con tomar conciencia sobre qué se hace y buscar en el pasado dónde y cuándo se aprendió. Uno se comporta igual que su padre, por ejemplo, no por herencia sino porque aprendió de él. Los hijos son los mejores espejos de tu conducta actual. Aprovecha y obsérvalos, te darán la información necesaria sobre tu forma de guiarte y hacer. Si tú cambias, ellos también lo harán. 2. El comportamiento está fuera de la identidad de la persona. Las frases del tipo "yo soy así" se utilizan para justificar un conducta. Esta no es como el color de tus ojos, no forma parte de tu paquete de nacimiento. Como decía en el punto anterior fueron aprendidas en tu infancia mayoritariamente, a través de la copia en las vivencias familiares. Aquello que forma parte de tu identidad es fijo, asociado al "yo soy", aunque cada vez es menor qué se incluye en este nivel, tomando una mayoría se puede decir el ser hombre o mujer, el color de pelo, el de los ojos, la longitud de las manos o similares. Esas sí son cosas que no cambian de forma habitual. Mientras que los comportamientos están asociados al verbo "estar", indicando temporalidad, algo que sucede en este momento y puede variar en el siguiente. No naces "bruto" por ejemplo, simplemente te comportas como tal, "estás siendo bruto". Observar ese matiz permite verlo desde otra perspectiva y tomar así la responsabilidad en el hecho de transformarlo. 3. El comportamiento es el resultado de cómo vives una situación. Las circunstancias que llegan en la vida, independientemente de su naturaleza, no generan de forma instantánea una forma de comportarse ante ellas. Esta varía en función de cómo lo afronte la persona. Es la situación de la botella medio llena o medio vacía de agua. La realidad objetiva es que el 50% de la botella tiene líquido y el otro 50% no tiene líquido (en ese caso tiene aire). Dónde fijamos la atención y qué emociones sugiere esa situación generará un tipo de actitud u otro. Si vives con la sensación de carencia en tu vida, verás la botella medio vacía. Si te sientes agradecido y colmado en tus necesidades probablemente la verás medio llena. Por todo ello, se hace necesario tomarse el trabajo de evaluar esas emociones que se despiertan y saber acerca de qué están informando para averiguar cómo modificar el comportamiento. Como ves, existe la tendencia a dejar fuera la responsabilidad sobre los actos. Cuando cambias el rumbo y ves que son tus manos las que manejan la nave, entonces tomas conciencia de cómo quieres actuar y lo haces. Y como dice la cita de Victor Frankl:
"Cuando
no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto
Susana García Gutiérrez
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