Escuela Padres
Dos herramientas para la autoridad: Las rutinas y la anticipación | Dos herramientas para la autoridad: Las rutinas y la anticipación |
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Si ya te has detenido a leer este artículo, te voy a pedir que te detengas de nuevo y pienses rápidamente qué es lo que vas a hacer el resto del día ¿Tienes definidas algunas actividades concretas? ¿Algunos horarios que debes de respetar? ¿Algunas personas con las que te tienes que poner en contacto? Estoy segura de que tendrás cierta claridad sobre cómo va a ser tu día, por supuesto dejando un hueco a la espontaneidad y a la sorpresa. Como te podrás dar cuenta, la mayoría de nosotros necesitamos establecer rutinas y predecir qué es lo que haremos a lo largo del día, necesitamos hacer planes con anticipación, eso nos tranquiliza y nos ayuda a funcionar de manera mas organizada. Lo mismo ocurre con nuestras relaciones, por ejemplo, si un marido que va a cenar a casa todas las noches, una noche no llega sino hasta muy tarde, su mujer lo pasará mal, en cambio, si éste avisa que tiene una cena fuera de casa, su mujer estará tranquila porque no lo espera. O, en el caso opuesto, si el marido llega a casa y su mujer no está durante varias horas, seguramente él se quedará intranquilo, en cambio, si ella le dice “Esta noche tengo cena con amigas”, él se preparará su propia cena y la de los niños (o por lo menos eso sería lo deseable ¿no?). Lo mismo ocurre con los niños. Ellos necesitan vivir en un ambiente predecible para estar tranquilos y organizados, requieren establecer rutinas para poder funcionar. Por ejemplo “Llegando a casa después del cole merendar, hacer deberes, ducharse y jugar, ese es el orden” o “Fines de semana hacer limpieza de la habitación antes de salir al paseo”. Cada familia puede distribuir el tiempo según le sea más fácil, lo importante es que se consiga cumplir la rutina de manera regular, organizando el tiempo según les convenga a todos (respondiendo tanto a las necesidades de los niños como las de sus padres claro). Entiendo que esto suena muy fácil, pero, muchas veces los niños nos ponen a prueba intentando contradecir la rutina establecida por el adulto sin una causa justificada “¿mamá hoy puedo ver la televisión antes de hacer los deberes?, por lo tanto, en aquellos momentos de duda, aunque nos cueste, hay que conservar la rutina que habíamos establecido. Al final, los niños lo agradecerán, hagan la prueba. Ahora pensemos en un niño, por ejemplo, él es hijo de una pareja que no tiene una buena relación, están en una mala racha, viven juntos pero pelean constantemente, también pasan temporadas ignorándose y poseen un estado de ánimo muy cambiante. Este niño no sabe cómo van a amanecer las cosas en casa. ¿Jugarán con él hoy por la tarde? ¿Quién irá por el al cole? ¿Lo llevarán a casa de los abuelos? ¿Saldrán juntos este finde? Sabe que como sus padres no están muy bien, él podrá decidir si esa tarde hace los deberes por la tarde o ve la televisión. Vive en un ambiente impredecible. Esto puede provocar dificultades en su comportamiento, cierta agresividad o apatía y por lo tanto problemas escolares o en sus relaciones con lo demás, estos son los modos en los que los niños nos cuentan que algo les pasa. Cuando estas situaciones ocurren, cuando no podemos mantener la rutina o cuando la queremos cambiar por gusto (una salida por la noche por ejemplo) existe un recurso muy potente que nos puede ayudar a los adultos a tener autoridad sobre nuestros niños y mantener la organización en casa: La anticipación. O sea, la posibilidad que tenemos de comunicarles a nuestros niños lo que va a ocurrir, desde el día anterior o por la mañana de ese día: “Mira, hoy he amanecido un poco triste y aun no sé si podré ir yo por ti al cole o irá tu padre y esto no quiere decir que no te quiera o que no te tenga en cuenta” o “Tengo un día de trabajo un poco complicado pero quiero que esta tarde, aunque yo no esté, tu hagas lo que te toca” o “Esta noche papá y yo tenemos una cena, y ya sé que estarás un poco triste porque no estaremos en casa, pero hemos organizado todo para que estés bien”. De este modo le transmitimos al niño que aunque las cosas se salen de la rutina, él puede estar tranquilo y seguro, ya que lo seguimos cuidando. Por ejemplo, hacer por la mañana o la noche anterior, un recuento de las cosas que se van a hacer en el día puede ser una buena manera de darles fuerza y seguridad a los pequeños.
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