Escuela Padres
La familia: una sinfonía afectiva. | La familia: una sinfonía afectiva. |
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Daniel Stern, en su libro “El mundo interpersonal del infante” (1985), describe un termino llamado “sintonía afectiva” el cual describe la comunicación no verbal que se establece entre el bebé y sus padres desde el nacimiento, haciendo hincapié en la importancia de que el estado de ánimo de los padres vaya “sintonizando” con el del niño a través de la respiración, el tono de voz, el contacto corporal, el tono muscular y la mirada (¿sabían que el contacto de la mirada estimula neuronalmente al bebé?). La sintonía afectiva no es aquello que comúnmente podemos llamar “contagio” (por ejemplo me contagió su tristeza) o “imitación” (el niño imita lo que lo padres hacen), va más allá: es crear un estado de ánimo en común, entonar los afectos, es cómo hacer entre todos una pieza musical. Imaginemos a una pareja de padres trabajadores a punto de tener un bebé. La madre, representada por un piano, tocando una melodía alegre aunque un tanto acelerada por la carga de trabajo y el ritmo de vida de la ciudad. El padre, con fuerza y determinación representado por unas percusiones que tendrán que adaptar su ritmo al que se le exija en su centro de trabajo y al piano de su pareja. Ambos padres, tocando sus instrumentos según las exigencias sociales y económicas, las cuales algunas veces nos dan poco tiempo para escucharnos unos a los otros. Para entonar con mi pareja me tengo que detener a escucharla ¿no es así? De repente llega un hijo a esta familia, el cual será representado por un violín que a veces toca una melodía muy suave y ligera y otras una melodía un tanto angustiante y acelerada. ¿Cuántos ajustes tendrán que hacer estos padres a la hora que llega el bebé a casa? ¿Cómo se sabe qué ajustes de tono hacer con la llegada de un nuevo miembro a este conjunto musical? Aquí no me refiero a ajustes económicos, o ajustes de espacio, me refiero a ajustes de estado emocional, los cuales son determinantes en el desarrollo del bebé. Estos ajustes nos cuestan trabajo porque nos obligan a salir de aquel ritmo ya conocido, al que estábamos acostumbrados e integrarnos a uno nuevo, desconocido que tenemos por descubrir. La clave está en escuchar tanto a los demás como a uno mismo: guardar silencio y poner atención en cómo se encuentra el otro y cómo reacciono yo frente a ello. Si un bebé se encuentra angustiado y llora, su madre entonará respondiendo de manera tranquila y relajada, sujetándolo de manera segura, respirando profundamente y hablándole en voz baja durante un rato, esto le da seguridad al bebé y lo irá tranquilizando poco a poco, si ella no controla su propia angustia, es posible que el bebé tampoco lo haga. Construimos nuestra personalidad en sintonía con los otros, no lo podemos hacer solos. Cada uno de nosotros puede ser representado por muy distintos instrumentos, cada bebé nace con un temperamento diferente, hay bebés que pueden sonar como una flauta, otros como un arpa y otros como una percusión africana! Lo importante es plantearse ¿cómo estoy entonando yo con este bebé? ¿Lo estoy escuchando lo suficiente? ¿Ayudo a que mi pareja entone o me estreso frente a sus dificultades? Así que la noticia que les doy señores es maravillosa: Tienen una profesión nueva, la de ser músicos de su propia vida. Escuchar, además de a los hijos, a la pareja, al resto de la familia y a los compañeros de trabajo para lograr entonar con ellos, es un reto maravilloso que nos permitirá hacer de la vida y del manejo de nuestras emociones un arte y una oportunidad para crecer.
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