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El mercado, el bus, la calle y las charlas cotidianas son el mejor campo de observación de muchos fenómenos que ocurren en la crianza de los niños. Es frecuente ver a padres y madres haciendo grandes esfuerzos para dar una buena educación a sus hijos, y sin embargo, las respuestas de los niños pueden ser cada vez más agresivas y sus conductas desobedientes. No es raro escuchar “Cuando yo era niño solía respetar más a los mayores” “Antes los niños se entretenían más fácil y se portaban mejor” “¿Qué pasa con los niños de ahora que son tan malos?”
Nos podemos preguntar ¿Qué cosas han cambiado? Muchas. Antes, los niños solían jugar más en la calle, y ahí aprendían que tenían que esperar su turno, que algunas veces perdían y otras ganaban, que las cosas se aprendían poco a poco, esto también se aprendía cuando había muchos hermanos en casa, poco dinero y se tenía que compartir y que ayudar. Además, los niños debían guardar respeto a los adultos, esto no se cuestionaba, las jerarquías estaban claras.
Ahora las circunstancias, sobretodo en las grandes ciudades, han cambiado. Los niños se relacionan menos con sus vecinos y más con los héroes de los juegos de video, al haber crecido en la “era del consumo” tienen mayor acceso a comodidades, a moda, juguetes y en general cosas materiales. Las pantallas, como la televisión, el ordenador y los juegos de video, no les brindan herramientas de convivencia, simplemente los entretienen.
A veces los adultos confundimos dar amor con dar comodidades, también nos cuesta dejar que los niños se enfrenten con obstáculos o dificultades, haciendo esto, es posible que les estemos quitando la posibilidad de madurar en la autonomía y en la creatividad, herramientas fundamentales para la vida adulta.
Hace unos días, estaba en la parada del bus y había una madre con su niño de 3 años, un niño en perfecto estado de salud. Ella lo tuvo en brazos tanto en la parada, como a la hora de subir al bus y a lo largo de todo el recorrido, incluso lo tuvo en brazos en la bajada. Durante el recorrido lo estuvo besando, abrazando y prometiendo que le iba a comprar chuches si se portaba bien. ¿Qué se perdió este pequeñin? Se perdió de la posibilidad de autoregular sus emociones para esperar el bus tranquilo y así desarrollar su capacidad de espera; se perdió la oportunidad de subir el alto escalón del bus y sentirse fuerte porque lo ha conseguido, se perdió la posibilidad de encontrar un sitio propio para sentarse y observar personas y cosas nuevas del mundo (no sólo ver la cara de su madre) y finalmente se perdió la posibilidad de estar alerta para correr a la puerta del bus y bajar el alto escalón en la parada que le correspondía. ¿Porqué darle chuches si se porta bien? ¿No es esa la única obligación del los niños? ¿Acaso a ustedes les dan chuches por levantarse todos los días a hacer sus obligaciones? A mi no…
María Tovar
Psicóloga
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