La enuresis o, más coloquialmente hablando, mojar la cama es
un problema frecuente en niños de entre cinco y diez años y aunque, con el paso
del tiempo, la mayoría de ellos lo supera será importante que los padres se
impliquen en el mismo porque, además de causar un gran malestar al niño, está
atención será uno de los principales apoyos para superar el problema.
El motivo por el cual el niño no controla la orina en la
cama puede estar relacionado a muchas causas de diferente naturaleza:
disminución de la capacidad funcional de la vejiga, enfermedades médicas tales
como infecciones, dificultad para despertarse, etc...; causas que, lógicamente,
como padres no podemos controlar y a las cuales tendremos que hacer frente con
la ayuda de los especialistas oportunos. Sin embargo, existen otras causas
sobre las cuales sí tenemos un papel de mayor responsabilidad: las de
aprendizaje. En muchas ocasiones, el niño no logra controlar su esfínter
durante el sueño porque no se le han dado las pautas o hábitos adecuados para
hacerlo o porque han existido situaciones del entorno que le han estresado
durante el aprendizaje de este proceso.
No obstante, la primera medida a seguir ante este problema
será la de acudir a los especialistas oportunos para descartar otras
enfermedades que puedan estar relacionadas con el mismo, así como para que
establecer las pautas y técnicas necesarias para el tratamiento de nuestro hijo.
Será de gran importancia ser pacientes y no frustrarnos ante las dificultades
que surjan durante el tratamiento y, sobre todo, reforzar todos los logros del niño,
por pequeños que sean, ya que el avance será mayor cuanta más atención y
consideración demos a los mismos, más que a los "fallos".
Y, por supuesto, nunca debemos castigar al niño por esto.
Tenemos que darnos cuenta que éste no lo hace porque quiera, si no...¡no sería un
problema! El niño lo hace porque no puede o porque no sabe cómo controlar su
vejiga mientras duerme por ello, cuanto más le castiguemos, regañemos o
enfademos con él, mayor ansiedad le generaremos y más difícil será para él
superar el problema. El uso de pañales nocturnos tampoco es una solución ya que
es darle, por decirlo de alguna manera, "licencia" para seguir orinándose en la
cama. Tampoco el despertar al niño para que vaya hacer pis o impedirle que beba
agua antes de irse a dormir es aconsejable. Lo primero porque no dejamos que el
niño madure en este proceso; somos nosotros los que decidimos el momento en el
que tiene que ir al baño y no él y le impedimos, así, que detecte las señales
que le indican que su vejiga esta llena y tiene que levantarse; y lo segundo
porque estaríamos privándole de oportunidades para probar su habilidad para
permanecer seco durante las noches.
Para terminar volver a insistir en los cuatro pilares
fundamentales que como padres se deben tener bien presentes en el tratamiento
de la enuresis: atención, paciencia, comprensión y refuerzo de logros del niño.
La Encopresis consiste en que el niño hace sus deposiciones, repetida e involuntariamente, en lugares que no son adecuados para ello. Cabe inferir que también entra aquí la defecación sobre la propia ropa, a una edad en la que se espera que haya control al respecto.
La encopresis es un problema que los niños pueden desarrollar a causa de una constipación crónica (prolongada). Con la constipación, los niños tienen menos evacuaciones intestinales que lo normal, y las evacuaciones que efectúan pueden ser duras, secas y difíciles.
La Encopresis puede ser:
Primaria: si nunca se ha logrado el control.
Secundaria: si se produce después de un período de control.
La frecuencia de la encopresis es de 1%, según el DSM IV,. Afecta principalmente a los niños en una proporción de 4:1, y tiene una prevalencia familiar de hasta 25%.
Hay una serie de factores que pueden predisponer al niño a padecer este trastorno:
Unos malos hábitos de aprendizaje: presiones excesivas o rigidez al exigir que el niño controle a una edad aún temprana para hacerlo.
Mecanismos regresivos ante traumas ambientales: nacimiento de un hermano, inicio del colegio…
Estreñimiento crónico, que provoca una distensión del colon y la consiguiente pérdida del tono muscular, con lo cual se producen esas pérdidas.
También puede ser síntoma de depresión infantil u otro trastorno.
Será pues lo más importante identificar la causa que la produce.
¿Cuáles son los síntomas de la encopresis?
Los síntomas más comunes de la encopresis son los siguientes. Sin embargo, cada niño puede experimentarlos de una forma diferente:
Deposiciones sueltas.
Evacuación intestinal involuntaria o necesidad de evacuar con poca o sin advertencia, lo que puede manchar la ropa interior cuando el niño no logra llegar al baño a tiempo.
Rascar o frotar la zona del ano debido a la irritación que causan las heces acuosas.
Retraimiento respecto de los amigos, la escuela y, o la familia.
Ocultan su ropa interior.
El tratamiento
El tratamiento también dependerá de si es algo ocasional o más recurrente. Lo primero será acudir al pediatra, quien determinará cómo proceder y si es necesario o no la visita a un especialista.
Según la personalidad del niño, se optará por quitar importancia al tema o por insistir al niño en que sea más cuidadoso. Eso sí, jamás se le ridiculizará ni castigará por ello.
¿Cómo se diagnostica la encopresis?
Un médico examinará a su hijo y obtendrá sus antecedentes médicos
completos. También se pueden realizar estudios por imágenes para
evaluar el intestino y descartar otros problemas de salud. Estos
exámenes pueden incluir:
Radiografía abdominal - examen de diagnóstico destinado a evaluar la cantidad de heces en el intestino grueso.
Enema opaco
- examen que verifica si hay obstrucciones (bloqueo), estenosis (zonas
estrechadas) y otras anomalías en el intestino. Mediante un enema, se
administra un líquido denominado bario que se visualiza bien en las
radiografías y, posteriormente, se examina el intestino por
radiografía.
Medidas generales de tratamiento
No prestarle al niño atención en el momento de la
encopresis, ni por causa de ella. No hacerle caso; ni siquiera para
reconvenirle. Mostrarle una actitud de serena indiferencia y de
neutralidad afectiva.
Hacer que se responsabilice y esté
atento a la evolución de su problema. Imponerle que se responsabilice
con la limpieza de su ropa. No será necesario que nos avise, deberá ir
al lavabo y lavarse la ropa sucia después de haberse limpiado él y
haberse cambiado de ropa.
En ocasiones el médico recetará medicamentos que ayuden a mantener
blandas las evacuaciones intestinales de su hijo durante varios meses.
El tratamiento de la encopresis puede incluir:
Extraer las heces impactadas.
Mantener evacuaciones intestinales blandas para que las heces pasen fácilmente.
Reentrenar el intestino y el recto para lograr el control de las evacuaciones intestinales.
Cambios en la dieta: A menudo, el realizar cambios en la dieta de su hijo ayudará a eliminar la constipación.
Aumentar el ejercicio:
Aumentar la cantidad de ejercicio que su hijo hace también puede ayudar
con la constipación. El ejercicio facilita mucho la digestión.
Hábitos correctos para la evacuación intestinal:
Sentar a su hijo en el retrete al menos un par de veces al día durante
unos 10 minutos, a ser posible después de una comida. Si no le sale no
le regañe, sea paciente. Utilizar refuerzos cuando se cumpla el
objetivo ya que motivan y animan enormemente a los niños.
La Enuresis es la emisión no voluntaria de orina por el día o por la noche, a una edad en la que se espera que haya control al respecto.
La Enuresis puede ser:
Primaria: si el niño nunca ha conseguido controlar su pipí.
Secundaria: si, después de un período de control, no consigue volver a él.
Diurna
Nocturna
Mixta: en ambos momentos del día.
En cuanto a la prevalencia, se trata de un problema que evoluciona favorablemente con el paso del tiempo. Los datos del DSM citan un 7 % en niños y un 3 % en niñas, hacia los 5 años, en tanto que a los 18 años solamente queda el 1 % de varones y es prácticamente inexistente en mujeres.
Hay una serie de factores que pueden predisponer al niño a padecer este trastorno:
Algún problema físico: el retraso de desarrollo en la musculatura vesical, la incapacidad vesical para adaptarse al contenido de orina sin cambios en la presión intravesical, (lo que da lugar a un bajo umbral de vaciamiento involuntario), una vejiga pequeña o de musculatura débil. Es lo primero que habría que averiguar.
Iniciar demasiado tarde el hábito del control del pipí; una vez pasada la edad óptima, es más difícil.
Estrés psicosocial: nacimiento de un nuevo hermanito, inicio del colegio…
Factor hereditario: es frecuente que alguien de la familia haya tenido el mismo problema; si es así, es conveniente explicárselo al niño para darle seguridad.
Un ciclo del sueño muy profundo que le impide recibir el aviso de "vejiga llena".
Padecer algún otro trastorno al que la enuresis va asociado.
Aunque suele mejorar espontáneamente con el paso del tiempo, es un tema que no debe ignorarse. El primer paso será determinar la causa del problema o el factor que lo ha podido desencadenar.
Nunca se debe ridiculizar ni castigar a un niño por este hecho, ya que ello muy al contrario de hacerle reaccionar, le puede provocar importantes problemas emocionales.
En algunos casos, se utiliza tratamiento farmacológico, pero suelen tener bastantes efectos secundarios, por lo cual no es muy aconsejable. Se aplican, asimismo, técnicas de aprendizaje al control, aparatos de alarma (pipi-stop),...según el caso.
Por lo general, no se empieza a tratar a estos pacientes antes de los 5 años de edad; dada la posibilidad de curación espontánea en 15% de los pacientes, es preferible iniciar el tratamiento entre los 6 y los 7 años. El tratamiento incluye medidas conductuales, así como medicamentos y el uso de alarmas.
Medidas generales de tratamiento
Llevarlo a orinar justo antes de irse a dormir.
Hacer
que se responsabilice y esté atento a la evolución de su problema: que
lleve un registro de los días que se moja, que coopere con la limpieza
de la cama y cambio de ropa, etc.
Motivarle a que
permanezca seco, alabar su esfuerzo y darle recompensas por lograrlo;
nunca se le debe castigar ni reprimir por mojar la cama.
Restringir
la ingesta de líquidos a sólo 240 ml. (un vaso) en las tres horas
anteriores a que se duerma el niño. No obstante, la restricción de
líquidos suele ser inefectiva, ya que angustia al niño y no provoca
sino reducción de la frecuencia de micción.
Tratamiento con alarmas
Aparato antienurético de alarma ("pipí-stop"). Consiste en un
artilugio compuesto por un timbre de alarma y un detector de humedad,
que cierra el circuito al mojarse. El detector puede ser un sensor ad
hoc, o dos simples rejillas separadas por una fina capa de algodón. Una
gota de orina ya actúa como electrolito y activa la alarma. Para que el
invento funcione es necesario mantenerlo durante un tiempo
relativamente largo, que puede ser de hasta dos meses. Se espera que se
active un reflejo condicionado, de modo que las señales internas de
pronta emisión urinaria disparen la activación cerebral necesaria para
controlar la orina, o para despertar al niño. Es necesario que el niño
esté motivado para el tratamiento y que sea instruido a levantarse,
orinar, cambiar el pijama si fuera necesario, y volver a la cama
conectando de nuevo el aparato por si hubiera una segunda necesidad.
El porcentaje de niños que se curan con este tratamiento es variable.
Tratamiento con medicamentos
Entre los medicamentos que se utilizan para el tratamiento de la
enuresis se encuentra el acetato de desmopresina (DDAVP) y los
antidepresivos tricíclicos como la imipramina. No está claro el
mecanismo, aunque se invocan cambios en el ritmo y la profundidad del
sueño, efectos anticolinérgicos y aumento de la capacidad de la vejiga.
Los niños responden mas rápidamente a los medicamentos que a las
alarmas, pero con éstas tienden a permanecer más tiempo secos al
suspender el tratamiento.
Considerando costo, eficacia y seguridad, en pacientes muy
dispuestos a solucionar el problema, el tratamiento inicial
recomendable es la alarma, seguido por la imipramina.
Muchas mamás se preguntan cuándo es el momento más adecuado para irle quitando el pañal a su hijo. El control de esfínteres no se aprende, se adquiere cuando el niño está maduro para ello.
Al igual que caminar, hablar, comer, los niños adquieren esta conducta cuando están lo suficientemente maduros. Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, es cierto que está establecido que un niño ande en torno al año, coma solo hacia los dos, dos y medio, y diga sus primeras palabras hacia los 12-15 meses. Esto no significa que si un niño no anda, come o habla a esa edad esté retrasado en su desarrollo. Cada niño es un mundo y su evolución y maduración varía en función de múltiples circunstancias, ya comentadas en “Cada niño es un mundo”.
Con el control de esfínteres pasa un poco lo mismo. Al haber fijado como “normal” la edad de 2 años/ 2 años y medio para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Hacia los 15-18 meses el niño puede anunciar que está mojado y puede anticipar que tiene pipí. Empieza a identificar las señales que advierten de la necesidad de controlar (vejiga, ano). A los 18-24 meses advierte con el suficiente tiempo como para llevarlo al orinal o al inodoro. Alrededor de los 2 años y medio aprende a obrar por sí mismo, y se inicia el control nocturno. Este se conseguirá alrededor de los 4-5 años.
Si vuestros niños acuden a la guardería, las educadoras suelen enseñarles en el curso de los 2-3 años. En función de cómo observen al niño (si está lo suficientemente maduro o no) comienzan la tarea. Empiezan utilizando orinales y preguntando a los niños cada 5-10 minutos si quieren hacer pipí. A medida que lo van consiguiendo (el tiempo que tarda cada uno varía), reciben un refuerzo (una pegatina de premio, un caramelo). Los refuerzos son importantísimos en estos momentos, los niños funcionan muy bien con ellos, les motivan enormemente. Este comportamiento de preguntar al niño cada 5-10 minutos hay que practicarlo también en casa. Al principio nos desesperaremos, pero ya veréis cómo poco a poco, lo van aprendiendo. Iréis observando con el tiempo cómo hay unos horarios más o menos fijos en los que vuestros hijos hacen pipí. Lo mismo haríamos con la caquita. Siguen utilizando pañal sólo en la siesta y por la noche. Cuando consideremos que están preparados, suprimiremos estos pañales.