El sábado necesité canguro... y no lo encontré a tiempo.
Con eso de tener canguro en casa, cuando me falla, me descoloca por completo.
Normalmente dejo a mis hijas mayores a cargo de los
pequeños. Pero mis hijas van creciendo y quedarse un sábado si, otro no,
empieza a resultarles pesado.
También los pequeños empiezan a quejarse, no quieren que
salgamos y no quieren quedarse con sus hermanas.
Total, que el sábado pasado, mi Pepe se me fue de cenita mientras yo me quedaba en casa
haciendo de buena madre y preguntándome porque no querrán quedarse los pequeños
con las mayores... y viceversa.
Los niños por fin se habían dormido... que tranquilidad.
Aproveché y encendí el ordenador y entre un momento en demadres pero con pereza
y desgana, así que salí rápidamente y me
puse a recordar cuando yo era pequeña y mis padres salían. También nos dejaban
a cargo de mis hermanas mayores y la verdad no nos gustaba nada.
Mi hermana mayor, según salían mis padres por la puerta
se transformaba en un sargento de caballería y nos mandaba a todas a la cama
mientras ella se quedaba en el cuarto de estar viendo la tele y sentada en el
sillón de papa. En realidad le daba igual si nos dormíamos o no, ella lo que
quería era quedarse sola en la tele.
Mi hermana la segunda se metia
en la cama con un libro entre las manos y ya podíamos correr,
gritar, llorar, reír a su alrededor que ella seguía pasando páginas sin
inmutarse.
La tercera guitarra en mano,
se marchaba a su cuarto a cantar.
Y quedábamos las cuatro
pequeñas, Marta que pasó una época de rezos y devociones tal que yo estaba
convencida de que era santa.
Ana que me quería y me mimaba
y yo que me dejaba y Suni, enfadada con el mundo entero por las injusticias de
mi hermana la mayor.
Tengo muchos recuerdos de
esas noches en casa, nos mandaban a la cama y aquello no era más que el
principio de una larga noche de peleas y de enfados. Hubo incluso una ocasión, que
alguien echó lejía en el vaso de agua de mi hermana la mayor y gracias a Dios,
tanta lejía echó, que el agua olía fuertísimo y no pasó la cosa de una anécdota
más.
Y recordando estas cosas y
perdida en mi pasado, se despertó Carmencita, la pequeña de mis hijas, y me
arrepentí de haberme quedado en casa, de no haber obligado y dejado a mis hijas
en casa cuidando de sus hermanos pequeños.
Me arrepentí de no dejarles disfrutar de esos momentos de compartir la
casa sin la presencia de papa y mama, porque, aunque ahora les cueste
entenderlo, cuando crezcan les gustará tener anécdotas que recordar.
Qué bonito Emma! Recuerdos del pasado y tus hermanas... me ha gustado mucho este post...
Nosotras somos seis hermanas, pero como todas nos llevamos un año, eso en casa no pasaba... eráms prácticamente de la misma edad y la que se quedaba con nosotros era la abuela...
Un besazo
Estoy de acuerdo contigo, Ede, pero qué difícil obligar a las mayores a renunciar a salir. Mi hermano todavía lo hace sin problemas y es una gozada ver cómo se organizan y se hacen más responsables. Gracis por compartir estas pequeñas grandes cosas de la vida.
Pero que miedo Edeeee!!! yo lo mas que echaba en el agua eran gotas de evacuol... entre la tele improvisada y los chupitos de lejia con los que pretendiais brindar... me tienes hablando sola... me llevare gafas de 3d por si me toca a tu lado el dia de la legionaria...
Muy bien Emma son cosas que siempre estan en el recuerdo.
¡¡ Y que recuerdos!!!
geles
|79.150.12.xxx
|2010-02-25 22:24:03
Emma, que maravilla, que bien escribes, me has hecho transportarme a mi niñes y he pasado un rato ideal, yo era la septima de ocho hermanos y el cuidador nuestro era mi hermano Enrique, era el quinto, nosotros siempre terminavamos con una buena azotaina de mi madre, pues todo lo que se le ocurria a mi hermano enrique, no era nada bueno, para el orden que mi madre hubiera querido encontrar, cuando ellos llegaban de su fiesta a casa,
por ejemplo entre otras muchas cosas, organizamos una corrida de toros, movimos todos los muebles de uno de los dormitorios para formar una plaza, y subimos al perro, que era un gran danes, a la habitacion, ya te puedes imaginar cuando llego mi madre, casi se desmaya del susto.
¡¡¡Me habia saltado tu blog, Emma!! ¡¡Co la impaciencia con la que los espero!!
Es genial, precioso y bien escrito y muy, muy real, como siempre.Y muy bonito lo que dices.. Te estas superando.....
MENUDA FAMILIA!!!!!!!!!!! que peligro teniais, me ha encantado, como siempre, leerte es como si estuviera sentada en el fuego pidiendole a mi abuela que me contara historias de cuando ella, mi madre o nosotros eramos pequeños. Haces que vuelva a la niñez.
Gracias un beso grande
Que bueno tu blog de verdad q si! Nosotros solo somos tres, y el mas peque tiene demasiada diferencia de edad entre los dos mayores, asi q cuando salian mis padres solo nos quedabamos los dos... y trastadas haciamos alguna tambien. La mas q se me ocurre es cuando destornillador en mano desmontamos la cama de mi hermano jejeje imaginate cuando volvieron nuestros padres! Pero me da nostalgia leerte, porq tu niniez es parecida a la nuestra aunq con menos hermanos. Q ricos recuerdos, un abrazo y felicidades.
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