| Me parto de risa |
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Eran sobre las 7:30 cuando oímos ruidos en la cocina. Despacito me asomé y en efecto estaba Paz preparando desayunos. El café matinal nos supo de maravilla y más aún cuando Paz nos dejó las llaves de su coche sobre la mesa, ya que eso nos facilitaba el tour del día. Café, botas, guantes, bufanda y gorro de lluvia. Llaves del coche y ganas, muchas ganas. Esto es empezar con buen pie. Directas a las pulgas y primera decepción. Apenas hay puestos en el mercadillo. Llovía y miramos por encima, buscamos sin demasiado interés. Entramos a continuación en varios anticuarios de la calle Blaes, un montón de carísimos muebles y objetos inservibles, pero llenos de encanto, llenaban cada una de las tiendecitas de ese barrio de Bruselas. De regreso al coche, en el último de los anticuarios nos encontramos con un viejo amigo Belga que nos contó cómo le había ido estos últimos años y nos facilito alguna dirección interesante. La mañana acababa de comenzar, aun teníamos cosas que ver. No podíamos darlo todo por perdido. Segundo objetivo, una especie de tienda "Reto" a lo belga, segunda decepción. Normalmente es un lugar abarrotado de muebles. Apilados, desordenados, algunos estupendos, otros casi para tirar... Ese día no había nada. Bueno, nada tampoco. Vimos unas sillas monas, un reclinatorio ideal, un revistero, un armario... una mesa... ¿Una mesa? Era la mesa, mi mesa, la que yo llevo buscando años y años para mi comedor... ¡Que nervios! No puede ser... - Piedy... me la tengo que comprar. - Ede, es ideal!! Ni lo dudes. Que angustia, ya me pongo con la inquietud que me da el querer y no poder. Y es que traer una mesa desde Bruselas puede ser todo menos fácil, pero yo por si las moscas la reservo. -Ya veremos que hacemos. Con los nervios y el madrugón necesitábamos un momento de respiro. Café, mil planes y ganas de continuar. Tercer objetivo, otro "Reto" belga. En este la cosa mejoró bastante. Aunque despistadas sobre lo que realmente buscábamos, encontramos cosas monas, apetecibles y con un precio interesante. Regresábamos a casa y recordé un anticuario que yo solía visitar. En efecto no nos decepcionó, aunque también es verdad que ya estábamos tan desinfladas que cualquier cosa nos hubiera gustado. Lo recorrimos despacito, sin prisas y examinando cada uno de los objetos que allí se exponían. Se nos iban las ganas y el entusiasmo.... Fuimos a visitar a una buena amiga. Necesitábamos relax, cambiar de aires, pensar en otra cosa. Tanto mueble polvoriento, tanta caminata, canto correr, tanta emoción apagada... María definitivamente nos animó. Nos invitó a un café que nos supo a gloria, nos llevó de tiendas y tuvimos una dosis extra de risas y de amistad. Llegada la noche, nos fuimos a la Grand Place, pitas de cena y sueños que se desvanecen, cervecita belga y la magia del entorno. Otra noche más con un ataque de risa, era inevitable. La mezcla de cansancio y de aventura definitivamente me hacen reír.
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