Escuela Padres
El juego | El juego |
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¿Alguno de ustedes recuerda cuando era niño? ¿Qué juegos jugaba? ¿Con qué historias se divertía? ¿Qué personajes representaba en sus juegos? Muchas hemos jugado a ser madres, maestras, cocineras, princesas, peluqueras, cantantes, directoras de cine… yo recuerdo que en mis juegos fui hasta azafata de vuelo con el pañuelo en el cuello, moño bajo y la mascarilla de emergencia! ¿Recuerdan el placer que se sentía jugar e imaginar historias nuevas y vivir en realidades paralelas a la de los adultos? Creábamos mundos en donde nosotros y nuestros amigos éramos los protagonistas y podíamos conseguir casi todo lo que nos proponíamos. Mundos en donde no había obstáculos para convertirnos en nuestro personaje favorito o habitar en la casa de nuestros sueños. El juego es un aspecto fundamental en el desarrollo emocional del niño, es un espacio a través del cuál el niño “ensaya” diferentes formas de estar en el mundo. Es un lugar en el que tiene la oportunidad de crear algo nuevo y diferente por si mismo, sin que los demás lo hagan por él. Un espacio riquísimo en el que el niño tiene la posibilidad de equivocarse e intentar de nuevo algo que se propone, un espacio en el que la única exigencia es el placer de jugar, y a través de este, sin darse cuenta, va desarrollando el lenguaje, la simbolización, la psicomotricidad y va madurando emocionalmente. Cuando hablamos de simbolización nos referimos a cómo el niño va siendo capaz de hacer presente lo ausente, este es un importante indicador de su desarrollo. Por ejemplo, la adquisición del lenguaje: el niño en un inicio ve una manzana, luego asocia la imagen de la fruta roja y redonda con la palabra “manzana”, y finalmente aprende a decir la palabra “manzana” sin que ésta esté presente con lo cual consigue un código común de comunicación con los otros. En el juego, ocurre este mismo fenómeno, un lápiz puede representar simbólicamente una nave espacial o una persona, una escoba o una espada, o sea, el niño le atribuye al lápiz algo que no es del lápiz. Con esto podemos entender que dentro del juego se desarrollan habilidades para crecer tanto en el aspecto cognitivo como en el emocional y social. Los niños tienen diversas formas de jugar según la etapa de desarrollo en la que se encuentran ya que en cada etapa hay algo nuevo por descubrir. Más que juguetes sofisticados, los niños necesitan elementos sencillos para desarrollar su creatividad a la hora de montarse un juego. ¿No han escuchado la frase de: “A un niño le regalas un juguete en una caja y se divierte más con la caja que con el juguete”? Una madre contaba que su niño no la dejaba hacer las labores de casa porque siempre estaba encima de ella queriendo quitarle sus utensilios y por más que ella intentaba dejarlo jugando con sus juguetes, el niño la seguía a todos lados. Así que la estrategia fue: observar qué hacía el niño con las cosas que le quitaba a mamá, las juntaba en un cestito, estaba jugando a apilar cosas para luego tirarlas al suelo y volverlas a guardar en el cestito otra vez. Lo que esta madre tuvo que hacer fue dejarle un cubo e irle dando cosas, mientras hacía las labores de casa, para que guardara en el cubo: pinzas para la ropa, cucharas, trapos de cocina, alguna cajita de cartón y así el niño las guardaba y las tiraba cuántas veces quisiera y ambos tenían una ocupación. Algunos psicólogos que trabajamos con niños damos una gran importancia al juego dentro del proceso de evaluación y de psicoterapia. Observamos cómo juega el niño para conocerlo mejor y evaluar su nivel madurativo y también escuchamos el contenido temático de éste para comprender el origen de sus síntomas, miedos y ansiedades. Los niños no cuentan lo que les pasa por dentro, lo juegan, lo dibujan, lo actúan. La labor de un psicoterapeuta en este sentido es observar cómo es el comportamiento del niño, cómo juega y acompañarlo, darle seguridad y ayudarle a detectar y nombrar (simbolizar) aquellas cosas que él aún no sabe, pero que le duelen y alteran su desarrollo emocional. Si un niño no consigue jugar o disfrutar su juego es que algo le pasa. La mayoría de los niños lo pasan bien en los espacios psicoterapéuticos, ya que son lugares en donde se les ofrece un espacio de juego con la escucha e intervención de un profesional.
Hoy, tenemos que cuidar el espacio de juego de los niños como un bien invaluable, dejar tiempo para que los pequeños jueguen libremente, inventen historias, se comuniquen, se disfracen y construyan un mundo interno sólido que les fortalezca para enfrentarse con la realidad que se les irá presentando. En la lista de “Cosas que hay que hacer en casa”, además de poner “hacer los deberes”, “recoger tu habitación” y “ducharte” hay que incluir “una hora de juego libre”, y si los padres quieren hacerles compañía, la única recomendación que les puedo hacer es que se diviertan. ¿Cómo lo ven? ¿Se apuntan?
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