La felicidad, por el contrario de lo que muchos
piensan, no es un estado, es una actitud frente a la vida. Todo lo que nos
ocurre en nuestro día a día es porque así lo queremos,
porque así lo decidimos o permitimos.
Tanto la felicidad como la tristeza la
construimos nosotros mismos
con nuestras acciones, con nuestra manera de
reaccionar ante aquello que nos pasa o nos preocupa, con nuestra forma
de hacer frente a los problemas. Por esto,
educar en la felicidad es una obligación hacia los niños como
padres y profesores. Porque educar en la felicidad es educar en la tolerancia,
en la compasión, en el saber perdonar, en el
ser persona, en el valorarse a sí mismo.
Es educar en el sentido del humor, en la
confianza en tu propias capacidades, en la amistad...Enseñar
a ser feliz es enseñar a controlar sentimientos
de ira, frustración, envidia y dar rienda suelta a otros como
empatía, generosidad y optimismo.
Porque la felicidad es algo que se comparte.
Tenemos que hacerles ver que cualquier problema o adversidad
que la vida depara por terrible que sea, puede servir para hacernos crecer por
dentro...por mucho daño que nos haga la espina clavada. Porque es ante los
problemas y dificultades cuando aprendemos a valorar todo lo bueno que tenemos,
las muchas posibilidades y caminos que la vida nos ofrece, cuando aprendemos a
ser fuertes y a seguir hacia delante. Pero esto exige movimiento, decisión y
actitud. Implica ser consciente de una situación, aceptarla y actuar ante ella.
Y si vamos a enseñar a los más pequeños, lo primero será que
actuemos nosotros mismos en consecuencia. No podremos inculcar estos valores si
somos los primeros en criticar a los demás, en hacer montañas de granos de
arena, en venirnos abajo ante la adversidad. Tenemos que, por difícil que sea a
veces, anteponer pensamientos a sentimientos o, por lo menos, lograr un
equilibrio. Pero, sobre todo, apoyarnos en la gente que nos aprecia y nos
quiere para que, al final, nuestros niños, sientan esa misma necesidad hacia
nosotros.
La felicidad es un reto diario. Es un reto alcanzable y
deseable por todos. La felicidad no es como la
Bonoloto;o te toca o no te toca. La felicidad se construye, repito. Y si queremos
que las personitas a las que más queremos
en este mundo sean felices, tendremos
que serlo nosotros primero.
Porque como profesora veo que cuando yo perdono, ellos
perdonan, cuando yo comparto, ellos comparten, cuando yo minimizo problemas,
ellos los minimizan y lo más importante, cuando yo soy feliz y sonrío, ellos
sonríen.
Me llamo Encarna tengo 77 años y tengo dos hijos, Ana de
46 y Jaime de
50. Dicen que me he
convertido en una mujer
gruñona, exigente y sin sentido del humor y que debería ir a Centros de esos de "viejos" a
jugar a las cartas y a hacer "memeces"
que no me
interesan nada. ¡No me
gusta estar con viejos, ni que no me responda el cuerpo! Detesto que mis hijos no estén cerca de mí, ni que no me cuenten sus cosas. No me gusta que ya no me consideren necesaria y que tomen decisiones sin consultarme. ¡El mundo ha cambiado mucho y la gente ya no tiene respeto hacia sus mayores! Yo me pasé las tardes en casa de mis suegros y ahora mis hijos me ponen excusas diciendo que están ocupados. ¡Hasta
me han
querido dar unas flores de esas que venden en las farmacias para sentirse mejor! ¡Se llama "achicoria" y por lo que me he informado con el boticario del barrio es para madres absorbentes, para ser menos dominante y más comprensiva! ¡Con lo que yo me he matado
por mis
hijos y así me lo
agradecen! A mi marido no le importa, ¡Cómo siempre! ¡Es mejor
estar ausente o poner la tele!...
Lamentablemente, me moriré sin saberlo, sin entender los mensajes de mi niña interior que me habla cada noche, entre susurros que cada vez son
más
inaudibles. Desde el corazón me lanza mensajes
para que me
abra a la vida, para que abandone el miedo y disfrute de los últimos años de mi existencia. Me dice que siempre vivió asustada, pero que nunca supo
reconocerlo, que sus padres le educaron con dureza en una marcada disciplina, que se casó para irse de casa y
huir de un padre autoritario y que ella repitió ese patrón con sus hijos porque
no conocía otro. Su marido
estaba ausente con excusas de trabajo y ella se refugió en sus hijos en los que
proyectó su dolor y necesidades insatisfechas. En el fondo de su corazón,
necesita nuevas oportunidades para aprender a vivir en la alegría.
LA NIÑA NO VISTA
Me llamo Ana y tengo 46 años. A pesar de que todas mis necesidades físicas están cubiertas, tengo un
buen trabajo, una familia,
una casa y una vida digna, dentro de mi hay un vacio de "Niña no vista" que he
decidido sanar con la ayuda de un terapeuta.
Según en leído en "Mujeres que Aman demasiado" de Robin Norwood, los hijos tratan de "salvar a sus padres de
tres posibles maneras:
Siendo invisibles, siendo buenos o siendo malos. A través de la culpabilidad de sus actos, los
niños intentan que el matrimonio de sus padres funcione y que todo vaya bien.
Yo era una mezcla
de "niña invisible y niña buena", confidente de mi madre y de todas sus quejas y malhumores, sacrifiqué muchos
momentos importantes de mi vida como salir con amigos, con mi novio, por acompañarle a ella. He aprendido a reconocer que algo
dentro de mí
necesitaba ser la hija perfecta para mis padres, lo que me provocaba mucha rabia y necesidad de controlarlo todo para que
mi mundo no se desmoronara a mi paso.
De niña me sentía sola, nadie me preguntaba cómo estaba. Intentaba sacar buenas notas para atraer
la atención de mi
padre ausente. Siempre he necesitado la aprobación de otros a costa de
sacrificar mis
propias necesidades.
Ahora que soy adulta y madre quiero aprender a tener una relación más saludable con la mía, no cediendo a sus chantajes emocionales. Me he dado cuenta de que nadie es
responsable de la felicidad de nadie, sino de uno mismo. Por amor a mi madre y mis
ancestras quiero aprender a sentirme bien y llenar mis vacíos emocionales para que mis hijas crezcan en un ambiente más amoroso.
EL NIÑO REBELDE
Soy Jaime y tengo 50 años. En mi interior se libra una batalla sin tregua que no me paro a comprender porque me dá miedo el dolor que me
provoca. Necesito controlar las situaciones y cuando esto no ocurre, me desbordan. Crecí en un ambiente viciado, aunque aparentemente feliz. Tengo carencia de afecto y de atención
que suplo con horas extras de trabajo, deportes de riesgo y alcohol.
Mi padre era inaccesible y mi madre ha estado siempre
consumida
por la ira y la frustración contra mi padre. Mi hermana Ana y yo siempre nos hemos sentido culpables por el deterioro de su matrimonio, pero nunca hemos
hablado en profundidad del tema, yo siempre
lo he eludido.
Ahora soy un respetable hombre de negocios, intento alcanzar el éxito para que
mis
padres estén orgullosos de mí, sin ser consciente de ello, sigo queriendo llenar sus vacíos y redimirles. De adolescente pretendía lo mismo, pero mi
táctica era darles disgustos para que hablaran de cómo hacerme un hombre de provecho. Mi intención era unirles,
obligarles a que pasaran más
tiempo
juntos, pero discutían en lugar de dialogar.
De niño tuve que aprender a pensar y a
actuar como un
adulto y parece ser que de mayor sigo necesitando "el caos" para sentirme bien. Dicen los expertos que tendemos a reproducir los papeles que adoptamos en nuestras familias de origen.
Mi madre sigue machacándonos sobreprotegiéndonos y manipulándonos, pero no voy a permitir que planifique mi vida, ni que me anule. Después
de ver a mis
padres siento una tristeza y una frustración intensa y lejana, recuerdos de
niño que ahogo en alcohol.
Me han invitado a participar en unas
jornadas de Constelaciones Familiares que por lo visto ayudan a las personas a sanar sus heridas
infantiles. ¡Me gustaría tener el coraje de ir! ¡Quizás vaya con Ana!
En estos tiempos de crisis mensajes prometedores como los transmitidos a través de la ley de la atracción y el libro "El Secreto" resuenan en el corazón humano siempre sediento de esperanza. Sin embargo, detrás del impacto inicial de las promesas de poder ver cumplidos nuestros sueños, pocos son capaces de entender el camino hacia dicha "realización personal", la aplicación real de las herramientas para llevarlo a cabo y la responsabilidad de ser fieles a nuestra verdadera esencia en lugar de perdernos en proyecciones ilusorias de nosotros mismos.
A lo largo de la historia, el hombre siempre ha buscado conexiones con la divinidad o las fuerzas de la naturaleza que le protegieran y favorecieran en todos los aspectos de su vida. No obstante, hay una importante diferencia en la intención en la que uno se dirige a esa Energía creadora. A través del culto, la devoción y el respeto o meditante la utilización de las herramientas sagradas para conseguir resultados beneficiosos, interfiriendo en el libre albedrío de las personas.
En este momento de transición de valores humanos y de creencias, hay un despertar en la búsqueda de lo mágico, donde supersticiones y superchería se mezclan con las más loables intenciones de vivir en paz y en plenitud.
Importados de Estados Unidos con marcados tintes asiáticos, e indígenas, provenientes de diferentes lugares de la tierra, los mensajes de "la Nueva Era" anuncian y auguran una nueva forma de vivir más consciente y positiva para todos. No obstante, las vías para comunicar dichos augurios son claramente comerciales, abriendo mercado en los diferentes continentes meditante "un merchandising" muy cuidado, algo que en principio se pretendía modificar para crear una sociedad más sana y menos consumista. ¿Qué hay detrás de esta contradicción?
¿Cómo conectar con esa Energía creadora que algunos denominan "Universo" sin depender de supuestos "gurus" y sin vernos obligados a recopilar sabiduría por fascículos coleccionables a través de una formación interminable?...
"Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará"... Imagino que esa Fuerza Creadora que algunos buscamos, nos tiene que observar, en nuestra evolución particular, compasiva y pacientemente, como extensión de si misma que busca encontrar su realización personal también como ser humano.
Me gustaría entrevistar a esa Energía Vital y preguntarle qué opina de los caminos que elegimos para intentar evolucionar y la intención que hay detrás de esta elección. Personalmente opino que el ser humano se siente estancado, bloqueado, en cuanto a su necesidad de supervivencia, meramente física y sus anhelos emocionales y espirituales, ya que la sociedad no favorece ganarse la vida a través de profesiones creativas o artísticas, relegándolas a un segundo plano, ni salirse de "la cadena de montaje" teniendo criterio propio.
En su frustración laboral y personal, el hombre busca maneras de conectar, visualizar, proyectar con la realidad que les gustaría construir, pero muchas veces estos intentos se quedan en la ilusión fugaz de ganar la lotería...generando la frustración de que dichos métodos sean un fraude y una pérdida de tiempo.
En esta dualidad de promesas mágicas y toma de tierra a golpe de Telediario... existe el equilibrio, la armonía que proporciona pararse a hacer una introspección seria sobre los anhelos personales y el proceso de volcarnos en cómo hacerlos realidad. La toma de conciencia, la perseverancia, la paciencia y la fuerza de voluntad en conexión con nuestra verdadera esencia serán nuestros aliados y "el secreto" de fundirnos y confabularnos con las fuerzas de la naturaleza para ser nosotros mismos, en lugar de una proyección de lo que otros quieren que seamos, o incluso nosotros creamos ser...
La sociedad nos proyecta a ser guapos, ricos, saludables y exitosos, lo que genera una lucha sin tregua por alcanzar unos estándares ilusorios, pero en la aceptación de nosotros mismos tal y como somos, encontraremos la belleza, la riqueza, la salud y la paz.
Las conductas son el fruto de la actitud de las personas. Se traducen en una
serie de acciones que determinan el comportamiento.
Al actuar de un modo determinado es básico observar qué lo motivó. Ahí
estará la clave para poderlo modificar, encontrar qué resorte despierta esa
acción. Todavía en algunos contextos existe la creencia sobre que una persona
tiene un comportamiento o conjunto de ellos asociados a su personalidad,
circunstancias y genética. Así, estos, se hacen inamovibles y fuera de control
de la persona. ¡Una buena forma de escapar de la propia responsabilidad!
Hay tres puntos a tener en cuenta sobre los comportamientos para romper esos
mitos y por fin tener la clave del cambio en tus manos.
1. El comportamiento se aprende.
No depende de la genética, aunque si se nutre de las vivencias de la
infancia, principalmente bebe de la primera fuente, los padres. Basta con tomar
conciencia sobre qué se hace y buscar en el pasado dónde y cuándo se aprendió.
Uno se comporta igual que su padre, por ejemplo, no por herencia sino porque
aprendió de él. Los hijos son los mejores espejos de tu conducta actual.
Aprovecha y obsérvalos, te darán la información necesaria sobre tu forma de
guiarte y hacer. Si tú cambias, ellos también lo harán.
2. El comportamiento está fuera de
la identidad de la persona.
Las frases del tipo "yo soy así" se utilizan para justificar un
conducta. Esta no es como el color de tus ojos, no forma parte de tu paquete de
nacimiento. Como decía en el punto anterior fueron aprendidas en tu infancia
mayoritariamente, a través de la copia en las vivencias familiares. Aquello que
forma parte de tu identidad es fijo, asociado al "yo soy", aunque
cada vez es menor qué se incluye en este nivel, tomando una mayoría se puede
decir el ser hombre o mujer, el color de pelo, el de los ojos, la longitud de
las manos o similares. Esas sí son cosas que no cambian de forma habitual.
Mientras que los comportamientos están asociados al verbo "estar",
indicando temporalidad, algo que sucede en este momento y puede variar en el
siguiente. No naces "bruto" por ejemplo, simplemente te comportas
como tal, "estás siendo bruto". Observar ese matiz permite verlo
desde otra perspectiva y tomar así la responsabilidad en el hecho de
transformarlo.
3. El comportamiento es el
resultado de cómo vives una situación.
Las circunstancias que llegan en la vida, independientemente de su
naturaleza, no generan de forma instantánea una forma de comportarse ante
ellas. Esta varía en función de cómo lo afronte la persona. Es la situación de
la botella medio llena o medio vacía de agua. La realidad objetiva es que el
50% de la botella tiene líquido y el otro 50% no tiene líquido (en ese caso
tiene aire). Dónde fijamos la atención y qué emociones sugiere esa situación
generará un tipo de actitud u otro. Si vives con la sensación de carencia en tu
vida, verás la botella medio vacía. Si te sientes agradecido y colmado en tus
necesidades probablemente la verás medio llena. Por todo ello, se hace
necesario tomarse el trabajo de evaluar esas emociones que se despiertan y
saber acerca de qué están informando para averiguar cómo modificar el
comportamiento.
Como ves, existe la tendencia a dejar fuera la responsabilidad sobre los
actos. Cuando cambias el rumbo y ves que son tus manos las que manejan la nave,
entonces tomas conciencia de cómo quieres actuar y lo haces.
Y como dice la cita de Victor Frankl:
"Cuando
no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros
mismos."
Susana García Gutiérrez
Coach Personal y
Terapeuta Flores Bach
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Se acerca el verano, y con él el final de curso y las vacaciones. Llega el
momento de hacer balance del año escolar, y premiar o reforzar los resultados
que nuestros hijos hayan obtenido durante el curso.
En el caso de niños pequeños, para los que la palabra suspenso todavía no
existe, es muy importante, como apuntaba antes, reforzar lo que ya han aprendido
a lo largo de diez meses en los que sus conocimientos han dado un giro de 180
grados. Es a partir de segundo de Infantil (el curso que terminan con 5 años o
a punto de cumplirlos) cuando hay que empezar a reforzar lo aprendido para que
no se pierda durante la época estival. No olvidemos que, para ellos, el verano
es muy largo, y olvidar los "libros" durante casi tres meses es demasiado
tiempo.
Sea cual sea la edad del niño, la clave está en trabajar sin agobiar. Es
importante establecer una rutina diaria en la que los peques deben hacer sus
"deberes", más o menos a la misma hora (el mejor momento del día es después del
desayuno). Debe ser un rato en el que se dediquen a sus tareas escolares sin
agobiarse ni sentirse obligados o presionados. Si se lo empiezan a tomar como
algo cotidiano, cada vez les resultará más fácil e incluso lo tomarán con
ganas. Eso sí, no deben renunciar a otro tipo de diversión: si tienen un
cumpleaños, o si todos sus amiguitos bajan a la piscina a la misma hora, o si
hay una ocasión especial, el niño debe participar de estas actividades, igual
de enriquecedoras. En esos casos, buscamos otro momento, consensuado, para
hacer los ejercicios diarios. Si no han suspendido ninguna asignatura, cuarenta
minutos diarios serán suficientes para reforzar lectura y practicar caligrafía,
matemáticas, o las materias que tengamos programadas.
Es fundamental que estas tareas las establezca el profesor que han tenido
durante el curso, porque nadie mejor para definir las necesidades de refuerzo,
o puntos flacos de cada niño. Los llamados "cuadernos de vacaciones" son una
buena opción siempre y cuando al profesor le parezca bien. Según se ha
publicado esta misma semana en el diario El País, las célebres "Vacaciones
Santillana" se remontan a los años setenta.
Surgieron, cuentan, "con la idea de los profesores de entregar al niño
ejercicios de comprensión lectora y ortografía para repasar en verano, y lo
unimos en un único cuaderno", dice Begoña Vaquero, de Santillana. En los
noventa, sumaron la serie Enigmas,
con actividades para pasar un rato divertido, convencidos de que en las
vacaciones había tiempo para la reflexión. Y en la era de Internet y
televisión, el esfuerzo se ha centrado en "reforzar lo aprendido durante
el curso".
El caso de los niños algo mayores o aquellos que ya conocen lo que es un
suspenso, es algo diferente. En estos niños es muy importante reforzar la
autoestima además de las materias, para evitar el rechazo al estudio, que lo
único que conseguirá será que abandone las ganas de estudiar (que ya de por sí
no son muchas). Mi experiencia de muchos años como profesor particular en
verano, me ha enseñado que la diversión, el juego y el estudio pueden y deben
ir de la mano. Hacer que el estudio sea divertido, o al menos no sea una obligación
impuesta que les prive de otras actividades. Primera hora de la mañana, antes
del "baño" de turno o la hora de la siesta, en que todavía hace demasiado calor
para reanudar el tiempo de piscina o playa pueden ser buenas opciones para la
hora del estudio. Es fundamental premiar los aciertos y los avances, para que
el niño se sienta valorado y vea el triunfo cerca. De esta manera dejará de ver
la hora del estudio como una obligación. La rutina es importante, pero también
lo es la recompensa, por ejemplo dejar un día libre en medio de la semana si el
día anterior ha trabajado bien.
Con todo, lo que los profesores queremos es que no se olviden los
conocimientos adquiridos durante el curso. Además de eso, los padres necesitamos que los niños no se agobien
ni sientan rechazo hacia la hora del estudio o los deberes, y los niños quieren
y necesitan disfrutar de sus vacaciones. Por eso, lo ideal es unir estas tres
ideas y convertirlas en una rutina diaria que hará que toda la familia disfrute
de tan merecido descanso estival.
Julio Alberto De Pedraza García
Profesor de Primaria