Hoy en día tenemos tanta sensibilidad para permitir una cosa como para
alarmarnos ante cualquier otra. Desde luego considerar que uno de nuestros hijos pueda
estar más delgado de lo normal nos mantiene en una actitud de alerta continua que poco
nos ayuda a la hora de establecer un posible diálogo con ellos.
En primer lugar conviene cerciorarnos. ¿Que es eso de la anorexia? Pues bien
así solo como su nombre lo indica, nos referimos a esta cómo pérdida de apetito sin
causa aparente y por ende disminución de la ingesta de alimentos. Es por esto que
cualquiera en nuestros días puede haber presentado anorexia.
Algo muy distinto es la anorexia nerviosa que se presenta como un cuadro
clínico que afecta al comportamiento alimentario, con una sintomatología muy diversa
aunque lo que le define fundamentalmente, es dejar de comer por propia voluntad de la
persona y valerse de todo aquello que le lleve a esa finalidad (dietas restrictivas,
ejercicio físico intenso, empleo de fármacos –laxantes y diuréticos-). Todo esto es
consecuencia de una importante alteración en la imagen corporal (se siente gordo/a a
pesar de la delgadez lograda) y un miedo terrible a ganar peso. Es bien sabido que el
porcentaje de casos de esta alteración del comportamiento alimentario lo padecen en su
mayoría chicas aunque empiezan abundar los casos en chicos. Y que en ambos casos su
tendencia va hacia el alta motivada por los actuales cánones de belleza que difunden
algunos Medios de Comunicación.
Desde luego, la anorexia nerviosa es algo muy serio, no se produce por
cabezonería de nuestros hijos. La causa de su aparición es la combinación de
componentes biológicos, influencias socioculturales, relaciones familiares, rasgos de
personalidad así como cualquier situación que desemboque en estrés.
En la mayoría de los casos su inicio se sitúa en la adolescencia, ya que coincide
con una época de cambios psico-evolutivos por los cuáles el adolescente va a ir
configurando su propia identidad. El chico o la chica comienza a tomar la riendas de su
propia persona y un añadido a esto puede ser controlando su propio peso y configurando
su imagen corporal “a su gusto”.
En medio de todo este panorama aparecen los problemas, y la alteración en el
comportamiento alimentario se sigue manteniendo, ya que todo el diálogo familiar gira
entorno a esta problemática. Esta situación favorece que los padres le siguan el juego,
focalizan el problema exclusivamente en su delgadez más allá de ver cómo van las
cosas en casa para que algo pudiera estar influyendo en el comportamiento de su hijo/a.
Y es que una de las características más propias del adolescente es ser una persona que
reclama su autonomía e individualidad, pero al mismo tiempo es dependiente de la
familia. Es normal que el adolescente exprese su disconformidad, su rebeldía de alguna
manera. Ante todo esto muchos padres plantean un sistema basado en una rigurosa
disciplina. Y es que el hijo adolescente esta creciendo pero la familia no parece darse
cuenta de ello , el psiquiatra Paulino Castells habla de ello por medio de las aventuras
de Alicia en el País de las maravillas, cuando ella, en sueños va por el interior del tronco
hueco y llega en una casita en la que toma una bebida que le hace crecer de forma
extraordinaria, observa cómo ella va creciendo pero la habitación se le va quedando
cada vez más pequeña, pues así este símil ilustra perfectamente la relación del
adolescente con su familia.
Desde luego aquí es de vital importancia que los padres reflexionen sobre la
actitud que manifiestan con su hijo/a. Descubrir que aspectos han ido descuidando en su
educación (por ejemplo, si le dejan que realice sus comidas solas encerrado/a en su
cuarto), cómo es la comunicación con el/ella (por ejemplo si caen fácilmente en los
enfrentamientos), así cómo aquello que no han sabido manejar de cara a su
adolescencia. En todo esto es importante tomar en cuenta lo siguiente:
Los padres no tienen que poner etiquetas diagnósticas, si previamente no hay un
especialista que haya realizado ese diagnóstico. Pues bien sea o no
diagnosticada con posterioridad algo que es fundamental es que la anorexia
nerviosa no tiene que dar identidad a la persona, puesto que ella es algo más que
todo eso.
Es necesario que los padres ante actitudes o comportamientos que puedan haber
observado en sus hijos (evitar comer demasiado, comer a solas, el usos de dietas
continuadas, etc.) actúen dialogando con ellos para poder conocer si se
encuentran con algún tipo de dificultad o problema.
Si se abre la comunicación y el diálogo entre ellos, favorecer el respeto por sus
ideas y sentimientos. Facilitando el aprendizaje de adecuadas formas de
regulación emocional evitando que se nieguen las muestras de cariño, ej.
¡cállate!
Crear un contexto adecuado en donde se pueda hablar con normalidad sobre los
cambios corporales que se experimentan en al pubertad.
Evitar toda comunicación que intente culpabilizar, juzgar, o que acentué la
negatividad y no lo positivo (ej . que bien te ha salido, no cómo ayer que fue un
desastre)-
No hacer excesivos los mensajes que se puedan dar en torno a la preocupación
por el cuerpo y la estética.
Y por su puesto conviene siempre que pueda acudir a un especialista, siempre
con su consentimiento. Éste es importante que pueda ayudar a toda la familia a
abordar el problema.
Mª del Carmen González Rivas
Centro de Atención Psicológica y Familiar
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http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com
Las creencias son ideas, pensamientos y forma de hacer las cosas que cada
uno de nosotros tenemos. Vienen dadas por nuestra educación y vivencias, ya
sean familiares como sociales.
Como me suelen decir, creencia es casi todo, porque para cada cosa tenemos
asociado un pensamiento de cómo actuar, en función de nuestra opinión personal,
y no desde un plano objetivo, pese a que creamos que estamos en posesión de la
verdad. Por tanto, existen tantas creencias casi como personas, pues sobre
un mismo problema encontraremos diferentes "verdades" aunque
alguno vea la suya como absoluta.
Entonces, ¿cómo identificarlas? Bueno, nuestras creencias responden a la
pregunta ¿por qué? Estoy segura que a los padres ahora os resultará más fácil
entender cuando vuestros hijos/as se están generando su sistema de
creencias, tan fácil como cuando nos preguntan el por qué de las cosas.
Ahora bien, las creencias no son buenas ni malas, simplemente nos potencian,
ayudándonos a la hora de conseguir algo, o bien nos limitan.
Siguiendo este hilo, se puede ver la cuestión principal, la creencia tendrá uno
u otro sentido en función de aquello que se quiere conseguir, el objetivo o
finalidad. También las habilidades disponibles y las circunstancias adversas
influyen en una situación determinada, la diferencia está en encontrarse en una
posición no limitadora, de forma que se pueda abrir el abanico de posibilidades
a la hora de contrarrestar dicha situación.
Si le dices a tus hijos/as que algo es imposible y así lo creen,
será más difícil para ellos den algún paso para demostrar lo contrario, la
posibilidad, que si les enseñas a ver esa posibilidad aún cuando en ese momento
pueda resultar difícil.
En síntesis, se puede decidir qué tipo de creencias inculcar a nuestros hijos/as.
Con esa capacidad de elegir viene el manejo, la gestión. El ser humano es capaz de
crear nuevos sistemas de creencias y cambiar las existentes,
por tanto mejor enfocarse en educar sobre aquellas que motiven a tener éxito,
alcanzar metas y mejorar la vida.
Este video es un ejemplo sobre conseguir algo que muchos consideran extraño. La
parte más importante es cuando ves qué hizo el padre y compruebas qué está
haciendo el hijo.
Susana García Gutiérrez
Coach Personal y Terapeuta Flores Bach
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www.coachingatualcance.com
El tema de las
actividades extraescolares es un mundo, y como tal intentaremos analizarlo, si
bien es cierto que las opiniones y posturas al respecto son tan numerosas como
variadas.
Las actividades
extraescolares son un factor enriquecedor en la educación de los niños. Amplían
y complementan su formación, les ayudan a desarrollar y formar diferentes etapas
de su personalidad y además favorecen la convivencia, pero no podemos olvidar
que si un niño pasa 8 horas en el colegio, más una o dos de actividades
extraescolares, al final se cansa demasiado, haciendo que el "momento de los
deberes" sea un auténtico suplicio para toda la
familia.
Yo resumiría el objetivo
principal de estas actividades en uno sólo: conseguir que sean un estímulo a la
actividad educativa, evitando que la enseñanza quede relegada al ámbito del
aula.
Lo ideal sería que las
extraescolares se pudieran "combinar" con los deberes para casa, la gran
preocupación de los padres de hoy. Sin embargo, eso es sólo una utopía. Y el
principal motivo es que las actividades fuera del horario escolar muchas veces
se imparten en otro centro diferente del de estudio, por lo que la coordinación
resulta imposible. Además, no todos los alumnos participan en este tipo de
actividades, por lo que no se puede generalizar el tema de las tareas para casa
si no estamos en igualdad de condiciones...
Así las cosas, nos
encontramos ante un dilema, aunque no debería ser tal: ¿por qué elegir
actividades extraescolares frente a deberes? O mejor expresado, ¿pueden los
niños con todo? Evidentemente depende de la edad, pero la conclusión es la
misma: algunas veces es demasiado, y los niños acaban agotados. Sin embargo, es
cierto que en muchas ocasiones, los niños acuden a actividades de este tipo por
una razón muy simple: los padres no pueden / podemos recogerles a la hora de
salida del centro, y tienen que "hacer tiempo" y para eso, aprovechan para
reforzar el idioma, hacer deporte, teatro...
Por otra parte, y como
apunté en el artículo anterior, los deberes para casa son la manera que los
profesores tenemos de comprobar que lo que les hemos enseñado ha llegado a buen
puerto, que lo han entendido y asimilado. Es importante tener en cuenta que la
tendencia en los últimos años en la educación en España es dar menos
protagonismo a los exámenes, librando así a los alumnos del estrés y estado de
nervios que les provocan. Por eso la evolución continua es la única manera que
tenemos de asegurarnos de que los niños aprenden. Y esa evaluación continua
incluye, obviamente, el trabajo para casa, que debe ser realizado por el alumno
exclusivamente, y no implicar en ello a toda la
familia.
Entonces, si las
actividades extraescolares son beneficiosas y aportan al niño tantas ventajas y
los deberes son necesarios y enriquecedores también, no deberíamos, entre todos,
intentar que sean lo más compatibles posible?
Julio Alberto De Pedraza García
Profesor de Educación Primaria
Los años que nuestros
hijos pasan en el colegio son los más importantes de sus vidas. Los que más
marcan, los que dejan huella realmente indeleble, porque siempre nos acordamos
de las vivencias que tuvimos "en el cole", en uno u otro curso. Por eso debemos
cuidar mucho el bienestar de los niños en clase, vigilar que no se encuentren a
disgusto y que nos cuenten en casa cómo se sienten, qué les preocupa, qué cosas
les gustan y qué cosas no.
Pero en su justa medida.
No podemos hacer que se sientan "agobiados" o presionados. A veces es mejor
dejar que nos cuenten lo que y cuando quieran, y seguro que es más productivo
que intentar "sacárselo" cuando, a lo mejor, no es el momento
adecuado.
En todo este proceso,
somos los profesores los que debemos trabajar mano a mano con los padres. Pero
estableciendo unos límites, que por otra parte deberían estar determinados por
pura lógica. Algunas veces se da el caso de padres que "responsabilizan" a los
profesores del comportamiento de sus hijos en casa, porque dan por hecho que la
educación de los niños es cosa de los profesores. Nada más lejos. El profesor,
educador, maestro, es el encargado de transmitir conocimientos a los alumnos, y
además hacer que estén preparados para adquirir y asimilar esos conocimientos.
También es el principal motor para fomentar y posibilitar la creatividad del
alumno, pero siempre respetando su libertad. Sin embargo, es deber de los padres
que sus hijos tengan un nivel mínimo de educación y "saber estar", que los
profesores, en el centro escolar, trataremos de afianzar para que la convivencia
con sus compañeros, el resto de profesores y trabajadores del colegio sea
productivo y satisfactorio para todos.
Es aquí donde surge la
importancia de la relación entre padres y maestros. El objetivo (la situación
ideal) es lograr un equilibrio entre los padres que delegan la educación al
maestro dando por hecho que es el único educador del niño y aquellos otros que
pretender dirigir, a su entender, la labor del profesor dentro del aula. Es
vital que entendamos, unos y otros, que la educación de los niños de cualquier
edad, es un barco en el que navegamos maestros y tutores (padres o no) de los
alumnos que serán el día de mañana adultos sanos y responsables. Eso sí,
necesitan ayuda para lograrlo y por eso la comunicación casa-escuela debe fluir
libremente y debe ser participativa por ambas partes. Sólo así lograremos una
educación efectiva para el futuro de nuestros hijos.
Julio Alberto De Pedraza
García
Profesor de Educación
Primaria
Incluso una tragedia para la que no se encuentran adjetivos que la
describan, como la acontecida en Haití hace a penas dos semanas, puede servir
para hacer conscientes a los niños, y a nosotros mismos, de la importancia de
ser solidarios.
Cuando somos solidarios anteponemos las gratificaciones de los demás a las
nuestras propias pero, al ayudar a otros, también nosotros salimos
beneficiados. Por eso, educar la solidaridad en casa y en la escuela supondrá
una serie de indudables beneficios para nuestros niños y alumnos. Cuando
enseñamos al niño a ser solidario le estamos enseñando a ver el mundo que le
rodea de otro modo, desde una perspectiva que le hace valorar más lo que la
vida le ofrece, así como arelativizar
sus problemas cotidianos al compararlos con otros de mayor importancia, tales
como el que al principio de este escrito hemos comentado, aunque no hace falta
cruzar el charco y tampoco un desastre natural para darnos cuenta de lo,
realmente, afortunados que somos: personas sin hogar, niños abandonados, discapacidades,
maltratos...sin tener que salir siquiera de la manzana de nuestro barrio.
Cuando educamos en la solidaridad también estamos contribuyendo a mejorar el
desarrollo personal de los pequeños, les hacemos adquirir responsabilidad y
compromiso porque las personas nos hacemos personas en la relación con otros,
porque sólo mejoramos cuando intentamos mejorar a los que nos rodean. Educamos
para que aprendan a vivir en sociedad, para hacerles personas capaces de
resolver situaciones conflictivas, porque es en éstas, en los desafíos que nos
presenta la vida cuando las personas crecemos y sacamos lo mejor de nosotros
mismos.
¿Y cómo educar en la solidaridad? Pues valorando, reforzando todas sus conductas
sociales (compartir, ayudar, dar las gracias, saber pedir perdón, ponerse en el
lugar del otro...) informándoles, escuchándoles. Haciéndoles cumplir normas, así como
hacerles partícipes en juegos o tareas cooperativas. Mostrándoles la
importancia de su opinión y participación, del alcance de su mediación en
conflictos e injusticias...pero lo más importante: predicando con nuestro
ejemplo.
Educar al niño para ser solidario es el mejor remedio para muchos de los
problemas que hoy en día se dan entre ellos: problemas en relación con la
imagen, los estudios, tiempo libre, relaciones con los demás, las marcas,
drogas...
Por ello, padres y profesores debemos trabajar conjuntamente y ofrecerles
más y mejores modelos de referencia de los cuales puedan aprender. Aprender en
esta asignatura en la que todos, alguna vez, hemos aprobado "raspados".