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Estaréis de acuerdo conmigo en que desde el momento en el que nos convertimos en mamás, nuestro sueño cambia para siempre.
Llevamos tres días en una nube. Después de tanta espera y tanta ilusión, tenemos a nuestro bebé en los brazos.¡Es un milagro!, ¡tan chiquitito, tan bien hechito! Es increíble, ¿no os parece?.
Volvemos a casa después de estos días en los que no hemos parado (demasiadas visitas), pero hay que entender que todo el mundo está encantado e ilusionado con la llegada de un nuevo miembro a la familia. Además de las visitas, que ya es, hay que tener en cuenta todo lo que supone en si cuidar a un bebé: darle de comer (sobre todo al principio), y el miedo escénico a saber sacarle bien los aires, cambiarles los pañales, cogerle bien…. ¡Estamos absolutamente reventadas y acabamos de empezar!. Ahora,¡qué momentazo cuando le damos el pecho o el bibe y le tenemos ahí, acurrucado en nuestros brazos, mirándonos de reojo!. ¡Es nuestro y para siempre!.
Cuando volvemos del hospital experimentamos “esa primera angustia” típica de padres primerizos (a partir del segundo todo cambia). En ocasiones nos preguntamos: ¿Dónde está el manual de instrucciones? (las tomas, cuánto debe tomar, a demanda o no a demanda, los bibes, las caquitas, el ombliguito, los cólicos…….un sinfín de cosas más). Los primeros momentos consisten en no quitar el ojo de encima a nuestros bebés, les tocamos la tripita para comprobar que respiran correctamente (¡porque a veces están demasiado quietos!), nos agobiamos por si tienen frío, calor (porque nunca sabemos si nos pasamos o si nos quedamos cortos). Vivimos las primeras noches y los primeros cólicos solas, ya que en el hospital es distinto, hemos tenido ayuda. ¡Qué angustia!. ¡Qué le pasa a nuestro bebé!. Con el tiempo acabamos reconociendo si ese llanto es de hambre, de sueño, de dolor… pero claro, tiene que pasar un tiempo hasta que lo vamos aprendiendo. Que quede claro que esto no es por norma general, hay sin embargo niños (¡qué suerte tenéis los papás!) que no sufren estos cólicos del lactante. No obstante los 2-3 primeros meses de vida de un bebé son muy sacrificados porque comen cada poco y requieren constante atención.¡Noches sin dormir!.
Va pasando el tiempo y los bebés van creciendo. ¡Qué sonrisas!, ¡ya nos extrañan! , ¡incluso nos echan los brazos!, gatean, cogen las cositas, se ponen de pie en el parque…..¡Qué bonito es vivirlo!. Comienza también la odisea de los dientes, que junto con el dolor de oídos, son un auténtico sufrimiento no sólo para ellos, también para nosotros. ¡Más noches sin dormir!.
Cuando los dientecitos están fuera, pasamos entonces a la época de las pesadillas y los terrores nocturnos. Se diferencian una de la otra en que en las pesadillas, una vez nos despertamos, somos conscientes de que ha sido un sueño y ya ha pasado. En los terrores nocturnos los niños aun despiertos, creen lo que están viviendo, es como si estuvieran dormidos pero con los ojitos abiertos. Cometemos entonces el maravilloso error de meterlo en nuestra cama (¡es precioso tenerlo con nosotros!).
La época del “quiero agua”, “quiero pis”, “tengo miedo”, “a tu cama”….etc acontece después. Pueden ser una, dos, tres o indefinidas las veces que nuestros niños nos llamen a lo largo de la noche. Hay que tener paciencia, son etapas transitorias por las que pasan los niños y que forman parte de su desarrollo. Pese a todo, aunque no durmamos, aunque no paremos, compensa infinitamente. ¡Ánimo mamás, que lo estáis haciendo muy bien!.
Rocio Gutiérrez Mosquera
Psicóloga
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