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DISLEXIA, ASI TAL CUAL, SIN ANESTESIA Imprimir E-Mail
Logopedia

dislexia.jpg

En esta ocasión escribiré sobre un tema del que seguramente hayamos oído hablar cientos y cientos de veces pero que sigue siendo motivo de gran preocupación para muchos padres y madres, incluso profesores: la dislexia, así tal cual, sin anestesia…; y digo esto porque cuando algunos padres reciben la noticia, más bien, el diagnóstico en el que se indica que su hijo es disléxico, sufren un “golpe” tal, que mejor hubiera sido estar anestesiado…

Bromas a parte (ya que muy bien sé que cualquier problema en nuestros niños no es motivo de risa), desde aquí me gustaría animar y tranquilizar a estos padres diciendo que un niño con dislexia es un niño perfectamente normal, inteligente, que no padece ninguna enfermedad de tipo mental, sólo que tiene algunas dificultades para leer o escribir, siendo más complicado para él el aprendizaje de estas destrezas.

Es a partir de los siete años cuando el niño ya está preparado para leer y escribir correctamente, por lo que no deberíamos preocuparnos en exceso o pensar que se trata de dislexia si éste tiene dificultades antes de llegar a esta edad. No obstante, si notamos ciertos indicios como, por ejemplo, que nuestro hijo tiene problemas para abrocharse el “babi”, los cordones o para coger los cubiertos, así como para comprender palabras sencillas, números o aspectos secuenciales tales como los días de la semana, estaciones, meses, las letras del abecedario, etc., deberemos llevarle de forma temprana a un especialista (en este caso, el logopeda), ya que de tratarse de dislexia, cuanto antes empecemos a trabajar con el niño mejores y más logros obtendremos.

El logopeda va a ser el “empujoncito” que nuestro niño necesita para seguir avanzando pero, por otra parte, la colaboración de la familia será fundamental. Es necesario que el niño se sienta seguro, valorado y apoyado, al tiempo que acepta su dificultad y lucha por superarla. Para lograr todo esto, los padres deben dejar claro al pequeño lo que quieren y lo que esperan de él, pero, al mismo tiempo, no presionarle y ayudarle en sus tareas, ofreciéndole los nuevos aprendizajes de forma variada (a través de los diferentes sentidos) para que éste tenga la oportunidad de elegir la “manera” en la que le resulta más fácil aprender.

Por otra parte, nosotros, los profesores también tendremos que tener en cuenta que estos niños no van a entorpecer o perjudicar al resto, sino más bien, lo contrario. Aquellas ocasiones en las que nos veamos en la obligación de detenernos más en algún aspecto de clase para “esperar” a estos niños serán, también, ocasiones para los demás de reforzar lo aprendido. Así mismo, los profes deben tener en cuenta la desventaja de los primeros a la hora de valorar o calificar su trabajo y saber que para ellos supone un mayor esfuerzo.

Lo que está claro es que estos niños con un poco de ayuda, comprensión y apoyo saldrán adelante y serán capaces de todo lo que quieran en esta vida, por lo que, desde mi punto de vista, creo merecerá la pena algo más de trabajo y esfuerzo por nuestra parte, padres y profesores.

Marta Iranzo Duque.
Maestra y Logopeda

 
Los Probióticos Imprimir E-Mail
Alimentación

comidasana.jpgLos Probióticos: qué son y para qué sirven

Hoy en día la publicidad nos invade con anuncios de alimentos probióticos, efecto bífidus, etc... Pero ¿qué son esos alimentos que suenan a “peli” del futuro?

Según define la OMS, los probióticos "Son microorganismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficios en la salud del organismo huésped". Estas "bacterias buenas" pueden beneficiar al sistema inmunitario, mejorando nuestras defensas. De hecho, retiran el alimento a los gérmenes nocivos, ocupan su lugar en la mucosa intestinal, estimulan la producción de anticuerpos y, a veces, fabrican sustancias antimicróbicas. Y eso no es todo; también potencian la acción de las enzimas digestivas, reequilibran las funciones intestinales, combaten las alergias y las intolerancias alimentarias y facilitan la digestión de algunas sustancias, como la lactosa.

En la actualidad, los únicos alimentos probióticos que hay en el mercado son:

• los yogures: se llama así a la leche fermentada con las bacterias lácticas -Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus o acidofilus-
•otras leches fermentadas: productos similares en aspecto al yogur, sólo que fermentados con otro tipo de bacterias como Bifidobacterias, Lactobacillus casei imunitass, etc.
• bebidas que contienen, además de zumo, leche fermentada y cultivos de bacterias.

El niño posee un sistema inmunológico que lucha segundo a segundo contra virus y bacterias que son cada vez más difíciles de combatir. Contrariamente a lo que podía pensarse años atrás, hoy sí se recomienda ayudar a nuestros pequeños con un apoyo adicional para sus defensas.

Cuándo hay que tomarlos:

Los alimentos probióticos carecen de contraindicaciones, por lo que se pueden tomar en cualquier momento e introducirse en la dieta con total tranquilidad, incluso en la alimentación infantil. De hecho, resultan muy beneficiosos en caso de enfermedades, estrés o en cualquier otra situación que afecte al intestino. Los más pequeños pueden empezar a introducir el yogur en su alimentación a partir de los siete u ocho meses.

Su consumo regular permite una mejor regulación de la digestión y de su importante función para nuestra salud y un desarrollo y crecimiento corporal sano. Pueden tomarse solos, a manera de yogurt bebible, o también mezclados con frutas que son a su vez la “comida” de los probióticos (especialmente el plátano o el melocotón) llamados también prebióticos; de ahí una razón más para consumir frutas con regularidad.

Pero recuerda que hay muchas maneras de consumir los alimentos. Si a tu hijo no le apasiona el yogur prueba con alguna receta como ésta:

Pollo con yogur

Ingredientes:

• 2 muslos y 2 pechugas de pollo troceadas.
• 1 Yogur natural.
• Orégano fresco.
• Limón.
• Sal y pimienta al gusto.

Preparación:

Lavar muy bien el pollo con bastante limón. Colocarlo en un recipiente agregando el yogur y el orégano. Dejar macerar unas dos o tres horas. Poner una cazuela en el fuego y vaciar el pollo con toda la mezcla de yogur y orégano. Dejar cocinar a fuego medio. Agregar una pizca de sal y pimienta, remover y dejar cocinar cinco minutos más.

Elena Sepúlveda
www.pequerecetas.com

 
Dos herramientas para la autoridad: Las rutinas y la anticipación Imprimir E-Mail
Comportamientos

rutina.jpgDos herramientas para la autoridad: Las rutinas y la anticipación.

Si ya te has detenido a leer este artículo, te voy a pedir que te detengas de nuevo y pienses rápidamente qué es lo que vas a hacer el resto del día ¿Tienes definidas algunas actividades concretas? ¿Algunos horarios que debes de respetar? ¿Algunas personas con las que te tienes que poner en contacto? Estoy segura de que tendrás cierta claridad sobre cómo va a ser tu día, por supuesto dejando un hueco a la espontaneidad y a la sorpresa. Como te podrás dar cuenta, la mayoría de nosotros necesitamos establecer rutinas y predecir qué es lo que haremos a lo largo del día, necesitamos hacer planes con anticipación, eso nos tranquiliza y nos ayuda a funcionar de manera mas organizada. Lo mismo ocurre con nuestras relaciones, por ejemplo, si un marido que va a cenar a casa todas las noches, una noche no llega sino hasta muy tarde, su mujer lo pasará mal, en cambio, si éste avisa que tiene una cena fuera de casa, su mujer estará tranquila porque no lo espera. O, en el caso opuesto, si el marido llega a casa y su mujer no está durante varias horas, seguramente él se quedará intranquilo, en cambio, si ella le dice “Esta noche tengo cena con amigas”, él se preparará su propia cena y la de los niños (o por lo menos eso sería lo deseable ¿no?).

Lo mismo ocurre con los niños. Ellos necesitan vivir en un ambiente predecible para estar tranquilos y organizados, requieren establecer rutinas para poder funcionar. Por ejemplo “Llegando a casa después del cole merendar, hacer deberes, ducharse y jugar, ese es el orden” o “Fines de semana hacer limpieza de la habitación antes de salir al paseo”. Cada familia puede distribuir el tiempo según le sea más fácil, lo importante es que se consiga cumplir la rutina de manera regular, organizando el tiempo según les convenga a todos (respondiendo tanto a las necesidades de los niños como las de sus padres claro). Entiendo que esto suena muy fácil, pero, muchas veces los niños nos ponen a prueba intentando contradecir la rutina establecida por el adulto sin una causa justificada “¿mamá hoy puedo ver la televisión antes de hacer los deberes?, por lo tanto, en aquellos momentos de duda, aunque nos cueste, hay que conservar la rutina que habíamos establecido. Al final, los niños lo agradecerán, hagan la prueba.

Ahora pensemos en un niño, por ejemplo, él es hijo de una pareja que no tiene una buena relación, están en una mala racha, viven juntos pero pelean constantemente, también pasan temporadas ignorándose y poseen un estado de ánimo muy cambiante. Este niño no sabe cómo van a amanecer las cosas en casa. ¿Jugarán con él hoy por la tarde? ¿Quién irá por el al cole? ¿Lo llevarán a casa de los abuelos? ¿Saldrán juntos este finde? Sabe que como sus padres no están muy bien, él podrá decidir si esa tarde hace los deberes por la tarde o ve la televisión. Vive en un ambiente impredecible. Esto puede provocar dificultades en su comportamiento, cierta agresividad o apatía y por lo tanto problemas escolares o en sus relaciones con lo demás, estos son los modos en los que los niños nos cuentan que algo les pasa.

Cuando estas situaciones ocurren, cuando no podemos mantener la rutina o cuando la queremos cambiar por gusto (una salida por la noche por ejemplo) existe un recurso muy potente que nos puede ayudar a los adultos a tener autoridad sobre nuestros niños y mantener la organización en casa: La anticipación. O sea, la posibilidad que tenemos de comunicarles a nuestros niños lo que va a ocurrir, desde el día anterior o por la mañana de ese día: “Mira, hoy he amanecido un poco triste y aun no sé si podré ir yo por ti al cole o irá tu padre y esto no quiere decir que no te quiera o que no te tenga en cuenta” o “Tengo un día de trabajo un poco complicado pero quiero que esta tarde, aunque yo no esté, tu hagas lo que te toca” o “Esta noche papá y yo tenemos una cena, y ya sé que estarás un poco triste porque no estaremos en casa, pero hemos organizado todo para que estés bien”. De este modo le transmitimos al niño que aunque las cosas se salen de la rutina, él puede estar tranquilo y seguro, ya que lo seguimos cuidando. Por ejemplo, hacer por la mañana o la noche anterior, un recuento de las cosas que se van a hacer en el día puede ser una buena manera de darles fuerza y seguridad a los pequeños.

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María Tovar
Psicóloga
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Tel: 620568690

 
Obesidad y sobrepeso infantil Imprimir E-Mail
Alimentación

kgs.jpgEspaña, a la cabeza en obesidad y sobrepeso infantil

Este es un tema que, desgraciadamente, está continuamente en las noticias. El aumento de la obesidad infantil empieza a alcanzar cifras preocupantes y a ser un tema de preocupación para las autoridades sanitarias.

Tal como acaba de publicar El Semanal Digital , "...España es, en la actualidad, uno de los países con mayor porcentaje de obesidad infantil. (......) Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 8,9% de los españoles de entre 2 a 17 años presenta obesidad y el 18,7% tiene sobrepeso. Los hábitos alimentarios y sedentarios son, para los expertos, causas fundamentales del aumento de la obesidad infantil experimentado en las dos últimas décadas en España. "

Alimentación desequilibrada

Una alimentación equilibrada y nutritiva comienza con la primera comida del día. Las prisas y los malos hábitos adquiridos por los adultos impiden que muchas veces los niños desayunen adecuadamente, y así lo señalan en la Encuesta Nacional de Salud:

"Los distintos estudios oficiales realizados al respecto (caso de la Encuesta Nacional de Salud) señalan que el 6,2% de la población infantil y juvenil española no desayuna habitualmente. El desayuno de los niños españoles se compone mayoritariamente (en un 56% de los casos) de un vaso de leche acompañado de algún hidrato de carbono, mientras que el 19,3% se queda tan sólo en el vaso de leche. Para ADECES, existe una relación directa entre este mal hábito alimenticio y la obesidad. Un desayuno equilibrado debe incorporar leche, fruta o zumo e hidratos de carbono, pauta seguida en la actualidad por tan solo el 7,5% de los niños."

Pautas a seguir

Desde la Asociación pro Derechos Civiles Económicos y Sociales (ADECES), nos ofrecen los siguientes consejos:

Es fundamental comer de todo, moderando, eso sí, el consumo de grasas y de alimentos ricos en azúcar. Los cereales, patatas y legumbres constituyen alimentos básicos que hay que comer a diario, al igual que las frutas, las verduras y las hortalizas.

- Importancia del desayuno. Hay que concienciar a los niños de que el desayuno es una de las comidas más importante del día y debe cubrir, al menos, el 25% de sus necesidades nutritivas. Para conseguirlo, debe incluir lácteos (leche, yogur, etc.), cereales (pan, galletas, copos de cereales…), y una fruta o su zumo. Por supuesto, todo ello se puede acompañar de grasas de complemento (caso del aceite de oliva, mantequilla, margarina…), mermeladas, miel y fiambres.

- Importancia del ejercicio físico. La sociedad actual, oferta numerosas actividades de ocio infantil sedentarias (televisión, videojuegos, ordenador, etc.), de ahí que sea necesario recordar a los padres la trascendencia de las actividades físicas: salir a jugar a un parque o, simplemente pasear, son actividades que deben integrarse, necesariamente, en la rutina de los más pequeños.

- Importancia del ejemplo. Los niños aprenden conductas por imitación, de manera que los padres se convierten en modelos a seguir, también en materia de educación nutricional. Por ello, los padres deben practicar con el ejemplo y seguir una dieta equilibrada o saludable. Es imposible concienciar a los más pequeños sobre la importancia de la fruta o la verdura si los padres no las compran ni las consumen.

- Importancia de saber comer. Hay que enseñar a los pequeños a comer y masticar despacio, es importante convertir el momento de la comida en algo agradable, de lo que se puede disfrutar.

- Importancia de los colegios. Son numerosos los centros escolares que disponen de las famosas máquinas de refrescos. ADECES aconseja que estas máquinas no expendan bebidas azucaradas ni bollería industrial.

- Importancia de los facultativos. En caso de que sea necesario imponer a los menores una dieta hipocalórica, ésta debe ser decidida siempre por un médico.

- Importancia de las rutinas. Como cualquier otra actividad, la comida también tiene sus horas. Es fundamental enseñar a los niños a respetarlas y huir de los famosos picoteos.

Elena Sepúlveda
www.pequerecetas.com  

 
GRANDES PROBLEMAS PARA LOS MÁS PEQUEÑOS. Imprimir E-Mail
Logopedia

question.jpgComo adultos tendemos a pensar que sólo nuestros problemas (“problemas de mayores”) son importantes y que los de nuestros hijos y alumnos son caprichos o rabietas que, en ocasiones, no nos molestamos en atender porque pensamos que ya se les terminará pasando o se terminarán cansando…

No digo yo que, muchas veces, el mayor problema de nuestros niños sea el de no querer comerse el plato de guisantes o el de no querer ponerse ese jersey rojo tan mono y tan caro que le compramos y que ni siquiera han estrenado… No obstante, ya sean pataletas tontas u otros problemas más serios los que les preocupan, tenemos que darnos cuenta que siempre “van a venir grandes” a los pequeños porque no saben y no están preparados para afrontarlos, tratarlos, ni para darles solución.

Ellos no pueden, como nosotros, sentarse tranquilamente a razonar la situación que les genera angustia, no pueden sacar los “pros” y los “contras” de la misma, así como pensar posibles soluciones y sus consecuencias. No pueden porque son niños y necesitan que nosotros, los adultos, les enseñemos a hacerlo. Necesitan que les enseñemos a afrontar sus problemas, por pequeños que sean, para que, poco a poco, sean capaces de ir haciéndolo por ellos mismos y aprendan a lidiar con todo aquello que les causa sufrimiento o preocupación. En otras palabras, con nuestra ayuda se irán formando “personitas” que sean capaces de ir creciendo en tamaño y mente y que, de forma progresiva, vayan aprendiendo a superar las adversidades que se presentan en esta vida.

A continuación, me gustaría sugerir algunos de los pasos a seguir para enseñar a los niños a tratar sus problemas. Algunos podrán pensar, según los leen, que son muchos y complicados para llevar a cabo con los más pequeños, pero, mi consejo es ser pacientes e ir enseñándoselos ordenadamente y, poco a poco, ir introduciendo más a medida que van asimilando y poniendo en práctica los primeros.

Con aquellos niños que nos cuentan “todo” sin tener, siquiera, que preguntárselo, el aprendizaje y seguimiento de estos pasos será mucho más fácil y rápido. Sin embargo, con los más retraídos o callados, será necesario que seamos nosotros los que les “empujemos” a que hablen y nos cuenten aquello que les preocupa y éste será, de entre los pasos a seguir, el primero de todos.

Pongámonos en el supuesto (aunque, tampoco, extraño) caso de que nuestro hijo o alumno, tiene grandes dificultades en una de las asignaturas, así como una mala relación con el profesor o profesora de la misma. Esta situación va a generar en el niño sensaciones de ansiedad, frustración, tristeza, preocupación o, por otra parte, de apatía, rechazo o manía hacía la asignatura y hacia el profesor y, posiblemente, no quiera hablar de ello con sus padres u otros profesores, bien por vergüenza, bien por temor a que le regañen o ser castigado.

Entonces, el primer paso, tras detectar en la actitud del niño preocupación, tristeza o, simplemente, “que algo no marcha bien”, será animarle a que exprese su problema, lo que le hace estar así.

“Nicolás, hijo, ¿qué es lo que te ocurre?; ¿Qué es lo que te pone triste o te hace sentir mal?; ¿Hay algo en lo que yo te pueda ayudar?...”

Esto que a nosotros nos puede parecer algo fácil de hacer, puede resultar difícil a los niños ya que todavía no saben bien cómo expresar sus dudas y preocupaciones, sus sentimientos o hacer al adulto ponerse en su lugar. Por ello debemos animarles y facilitarles la situación, hacerles ver que les entendemos y que podemos ayudarles, para que se expresen libre y llanamente y a partir de aquí ir empezando a solucionar “el dilema”.

El segundo paso será ayudar al niño a plantear el problema. Para ello deberemos preguntarle los motivos por los que se da este problema (falta de estudio, que no entiende lo que el profesor explica en clase, que se aburre y no presta suficiente atención, etc.), por las personas que están implicadas y su actitud ante el problema (si el profesor le intenta ayudar o, por el contrario se enfada y le castiga; si otros amigos y compañeros comprenden su situación y le intentan echar una mano o bien, se burlan de él o le distraen en clase, etc.). Este segundo paso va a tener una gran importancia, porque si el niño no se plantea el problema, tampoco se planteará la posibilidad de mejorarlo y lo tomará como algo inevitable.

El tercer paso consistirá en hacer una lista de posibles soluciones. En esta fase pediremos a nuestro hijo o alumno que, junto con nosotros, haga una lista de todas las posibles soluciones al problema que se le ocurran, desde las más realistas, como por ejemplo, dedicar más horas de estudio, pedir a sus amigos o a algún adulto (padres, otros “profes”, etc.) que le expliquen aquello que no entiende, acudir a clases particulares, contar al profesor de la asignatura en cuestión las dificultades que tiene para que éste entienda su situación y piense en diferentes maneras de reforzarle para que vaya, poco a poco, progresando en la misma, etc., hasta las más radicales, como por ejemplo, dar por perdida la asignatura, copiar y hacer trampas en exámenes, enfrentarse con el profesor, etc.

Este tercer paso incluye, también, el imaginar las posibles consecuencias de las soluciones dadas. Tendremos que enseñar a nuestro niño a valorar las ventajas y las desventajas de todas y cada una de las soluciones propuestas, para, de esta manera, ir eliminando aquellas que resulten ineficaces. Por poner un ejemplo, entre las ventajas de la solución “copiar en los exámenes” estarían el aprobar sin hacer ningún esfuerzo, sacar, quizá, notas más altas, pero sin embargo, entre las desventajas se encontrarían, la posibilidad de ser “pillado” y suspendido, perder la confianza del profesor, el remordimiento de saber que no está actuando bien y no está aprendiendo nada, lo que agrava aún más el problema ya que, incluso aprobando la asignatura, la falta de conocimientos seguirá estando ahí en el curso siguiente…Por lo tanto, esta solución ¿acarrea más consecuencias positivas que negativas, o al revés? Negativas, claramente. Descartada, pues. Y es a esto, a lo que tienen que llegar nuestros niños por sí solos. Deben poner en una balanza las ventajas y las desventajas de cada solución, y a partir de ahí actuar con lógica y criterio.

Cuarto paso: Elegir la mejor solución y llevarla a la práctica. Después de hacer todo lo comentado en la anterior fase, el niño deberá elegir aquella solución que él vea más acertada y ponerla en marcha.

Si por ejemplo, el niño ha llegado a la conclusión que “dedicar más tiempo de estudio a la asignatura” es la solución más adecuada, deberá comprometerse a cumplirla y ser responsable en la decisión tomada. Deberá saber que no sólo bastan buenas intenciones, que es necesario tener decisión, ganas y fuerza de voluntad para alcanzar todo aquello que se proponga.

Y por último, el paso número cinco: Evaluar los resultados.

Habremos llegado al final de este largo camino si, una vez que el niño ha puesto en práctica la alternativa seleccionada, las cosas van saliendo según lo previsto (el niño va superando sus dificultades en la asignatura). Pero si, en cambio, no se alcanzan los resultados o las metas propuestas, entonces, tendremos, junto con el niño, que volver a considerar las diferentes soluciones o volver a plantearnos el problema desde nuevas perspectivas. Pero, incluso, en esta situación será importante hacer ver a nuestro niño o alumno que un problema, por grande que lo vea él, no es “el fin del mundo”; hacerle comprender que a lo largo de la vida tendrá que enfrentarse con muchas situaciones incómodas y frustrantes, pero que si aprenden a llevarlas con lógica, paciencia, optimismo y control, éstas les harán más fuertes y les harán ganar confianza en sí mismos, así como una mayor capacidad de decisión.

Para terminar, me gustaría decir a los lectores que espero que este artículo les sea de ayuda en un futuro y, a la vez, desear que el mayor problema de sus hijos sea el de ¡romperse el pantalón jugando al fútbol con los amigos!

Un abrazo y mucha suerte para todos.

Marta Iranzo Duque.
Logopeda y Maestra.

 
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