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Escuela Padres
Clases para todos. Imprimir E-Mail
Colegio

cole.jpgUna reflexión sobre los adolescentes en el aula.

Quisiera escribir sobre esta película antes de que ésta salga de la cartelera ya que me parece muy oportuno que padres y madres vayan a verla. Esto, en primer lugar, porque ir al cine siempre viene bien y la película es excelente, y también porque pocas veces tenemos la oportunidad de echar una mirada sobre lo que ocurre dentro de un aula de adolescentes, en este casode un colegio público en París (aunque podría ser en cualquier ciudad del mundo). La película se llama “La clase” y está basada en el libro "Entre les murs" del profesor y escritor François Bégaudeau. Este profesor (quién es además el protagonista en el filme) narra su experiencias y conversaciones con sus alumnos, chavales, en su mayoría inmigrantes (pero no sólo), que constantemente le hacen cuestionarse cómo debe establecer su relación con ellos. Peleas por la autoridad, confrontaciones directas y agresivas, falta de motivación y una profunda frustración frente al desencuentro de ambas partes. ¿Les suena conocida esta sensación? ¿Desde dónde nos relacionamos con los jóvenes de hoy? ¿Cómo podemos establecer un diálogo con ellos sin entrar en burlas, discusiones y sin descartarnos unos a otros? ¿Cómo establecer la autoridad con los jóvenes? Difícil respuesta.

Hace unas semanas estuve impartiendo unos talleres en un colegio privado de Madrid. Nunca había estado frente a 30 chavales, todos ellos en la efervescente adolescencia, entre los 14 y los 15 años. Algunos hablando entre sí tranqulamente, sin tener en cuenta mi presencia, otros peleando, algunos intentado callar a los que hablaban (lo cuál sólo generaba más caos) y yo ahí con una clase preparada a conciencia y con un miedo terrible por empezar a impartirla. En ese momento, pensé varias cosas: lo que más les importa a los chavales es ser aprobados por su grupo de iguales, no por un adulto; otra, lo que les importa es sacar buena nota, no aprender; otra, en su mente habitan infinidad de estímulos que les impiden (aunque lo deseen) quedarse quietos y mantener la atención. ¿Qué estímulos? La chica(o) que le gusta, el videojuego que se quiere comprar, las botas de moda, qué le dirán por el chat esta tarde, el botellón del viernes, el mensajito del móvil, la amiga que le ha dejado de hablar etc. Lo único que puede calmar esas “ansias” es que hayan aprendido el respeto a la autoridad y después que se encuentren motivados por el tema que se les propone.

En la película de la que hablo, el profesor tiene aciertos y equivocaciones. Hay veces que deja a un lado su autoridad para establecer un diálogo más cercano con sus alumnos, otras veces que intenta disciplinar a sus alumnos dentro del aula pero los defiende fuera de ésta frente a las autoridades del instituto, en fin, establece, sin duda una relación muy intensa con ellos, con el desgaste emocional que esto implica. Esta situación nos puede llevar a cuestionarnos: ¿en dónde se educa a los chavales de hoy? Sus padres, cansados de ellos, ponen las esperanzas de disciplina en el profesorado; el profesorado, tiene que utilizar gran parte del tiempo en disciplinar a sus alumnos, en hacerse respetar, en educar en la autoridad y no tiene el tiempo de impartir la disciplina, en la esperanza de que los chavales terminen de estudiar el temario en casa. ¿No creen que se han cambiado los roles? Es frecuente que los padres hagan el rol de profesores y los profesores jueguen el rol de padres.

No hay que olvidarnos de que la labor de los colegios es esencialmente didáctica, preparar a sus alumnos en el saber, a sacar lo mejor de ellos mismo, a intrigarlos y formarlos, brindando las herramientas sociales que les sirvan en el futuro; la casa, el ámbito privado y familiar, es el lugar en el que los chavales aprenderán a respetar los límites, las normas, la autoridad y la confianza de un adulto, las cuales son habilidades fundamentales para alcanzar la madurez. Creo que aún nos queda mucho por aprender sobre cómo acercarnos a los adolescentes y sobre cómo escucharlos sin perder nuestro lugar de autoridad. maria-tovar.jpg

 

 

 

  María Tovar
Psicóloga

 
LAS RECOMPENSAS Imprimir E-Mail
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La salida del hombre del traje de rayas. Imprimir E-Mail
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presidiario.jpgTanto trabajo no nos debe quitar autoridad.

¿Qué lugar ocupa la crianza de los hijos en el estilo de vida actual en el que los padres y madres pasan poco tiempo en casa y se dedican a trabajar para satisfacer las necesidades básicas y no tan básicas de las familias? ¿Cuánto tiempo le podemos dedicar a los hijos cuando en España los hombres trabajan de media 41,8 horas y las mujeres 39,8 horas a la semana?

Pensemos en una escena: Un padre llega a casa después de una larga jornada de trabajo, su hija de 6 años está viendo la TV y el padre se acuesta en el sofá con ella a ver “lo que sea”. La madre lo saluda desde la cocina, ella también está cansada y está pensando muchas cosas a la vez: “hay que poner la lavadora, tengo que preparar una cena nutritiva pero lo que más me apetece es una pizza que tengo en el congelador, ¿por qué mi marido no ha venido a saludarme?” Él, en cambio, pensará: “Llevo todo el día fuera, qué pena no ver a mi niña, me quedaré aquí con ella viendo la TV, después cenamos todos juntos y si se pone muy pesada que duerma con nosotros en la habitación, pobrecilla lleva ya varias noches muy nerviosa, con terrores de que un hombre de traje a rayas entra a su habitación”.

La relación que establecen los padres (o los adultos encargados de su crianza) con los niños los primeros años, va a construir una base en el modo de relacionarse de estos niños con el resto del mundo a lo largo de su vida, ¿se pueden imaginar la importancia que tiene esto? Por ello, los niños, desde pequeños, deben de tener claras dos cosas:

  • Que sus padres los quieren, los reconocen, y los aceptan incondicionalmente.
  • Que el espacio de los adultos y el de los niños es diferente, y que el niño tendrá que irse desprendiendo de sus padres para crecer sano y autónomo. ¿Cómo se consigue esto? El único camino cierto para ello es que el adulto sea claro con el niño o niña y sepa mantener y hacer respetar los límites y normas, defendiendo su propio lugar, incluso el físico (como su cama). 

Es frecuente que los padres, al pasar tan poco tiempo con sus hijos entren en un circuito de culpa-compensación: “Me siento culpable porque paso tanto tiempo fuera de casa que cuando estoy con mis hijos les consiento muchas cosas”. ¡¡Cuidado!! Después ocurre que los padres pierden autoridad y ya no saben cómo recuperarla. Y esto puede hacerles sentir que algo están haciendo mal en la crianza de los niños. Los padres siempre serán LA RELACIÓN MÁS SIGNIFICATIVA para sus hijos: ya pasen con sus hijos mucho o poco tiempo, ustedes, los padres, serán la referencia más importante para ellos; USTEDES TIENEN LA CAPACIDAD de hacer que sus hijos aprendan a madurar y controlarse mejor. ¿Qué lujo no?

Regresemos a nuestra escena inicial y pensemos que este padre ha decidido reunirse con su mujer para preparar la cena y ella lo ha saludado con un beso. Su niña irá a la cocina e intentará robar la atención de ambos, ellos la escucharán un rato, cenarán juntos y, luego, su padre la acompañará a la cama; ella llorará, incluso podrá tener terrores nocturnos, mucho miedo de quedarse sola, es posible que el hombre de traje a rayas vuelva a aparecer; su padre le leerá un cuento y la acompañará un rato, coqueteará con la idea de llevársela a su cama y “dejarse de historias” sin embargo también piensa en su pareja (en la madre) y se pregunta cómo le habrá ido en el día, recuerda que hace tiempo que le apetece leer un poco y dormir tranquilo, también piensa que su niña necesita aprender a dormir sola, y así pensando mira una sombra, el hombre del traje a rayas ha salido de la habitación, y su hija duerme. maria-tovar.jpg

 

 

 
María Tovar
Psicóloga
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Tel: 620568690

 
Nunca hagas comparaciones entre tus hijos Imprimir E-Mail
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A mi nadie me da chuches Imprimir E-Mail
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piruleta.jpgEl mercado, el bus, la calle y las charlas cotidianas son el mejor campo de observación de muchos fenómenos que ocurren en la crianza de los niños. Es frecuente ver a padres y madres haciendo grandes esfuerzos para dar una buena educación a sus hijos, y sin embargo, las respuestas de los niños pueden ser cada vez más agresivas y sus conductas desobedientes. No es raro escuchar “Cuando yo era niño solía respetar más a los mayores” “Antes los niños se entretenían más fácil y se portaban mejor” “¿Qué pasa con los niños de ahora que son tan malos?”

Nos podemos preguntar ¿Qué cosas han cambiado? Muchas. Antes, los niños solían jugar más en la calle, y ahí aprendían que tenían que esperar su turno, que algunas veces perdían y otras ganaban, que las cosas se aprendían poco a poco, esto también se aprendía cuando había muchos hermanos en casa, poco dinero y se tenía que compartir y que ayudar. Además, los niños debían guardar respeto a los adultos, esto no se cuestionaba, las jerarquías estaban claras.

Ahora las circunstancias, sobretodo en las grandes ciudades, han cambiado. Los niños se relacionan menos con sus vecinos y más con los héroes de los juegos de video, al haber crecido en la “era del consumo” tienen mayor acceso a comodidades, a moda, juguetes y en general cosas materiales. Las pantallas, como la televisión, el ordenador y los juegos de video, no les brindan herramientas de convivencia, simplemente los entretienen.

A veces los adultos confundimos dar amor con dar comodidades, también nos cuesta dejar que los niños se enfrenten con obstáculos o dificultades, haciendo esto, es posible que les estemos quitando la posibilidad de madurar en la autonomía y en la creatividad, herramientas fundamentales para la vida adulta. 

Hace unos días, estaba en la parada del bus y había una madre con su niño de 3 años, un niño en perfecto estado de salud. Ella lo tuvo en brazos tanto en la parada, como a la hora de subir al bus y a lo largo de todo el recorrido, incluso lo tuvo en brazos en la bajada. Durante el recorrido lo estuvo besando, abrazando y prometiendo que le iba a comprar chuches si se portaba bien. ¿Qué se perdió este pequeñin? Se perdió de la posibilidad de autoregular sus emociones para esperar el bus tranquilo y así desarrollar su capacidad de espera; se perdió la oportunidad de subir el alto escalón del bus y sentirse fuerte porque lo ha conseguido, se perdió la posibilidad de encontrar un sitio propio para sentarse y observar personas y cosas nuevas del mundo (no sólo ver la cara de su madre) y finalmente se perdió la posibilidad de estar alerta para correr a la puerta del bus y bajar el alto escalón en la parada que le correspondía. ¿Porqué darle chuches si se porta bien? ¿No es esa la única obligación del los niños? ¿Acaso a ustedes les dan chuches por levantarse todos los días a hacer sus obligaciones? A mi no… maria-tovar.jpg

 

 

 
María Tovar
Psicóloga

 
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