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Hace
37 años que celebro el Día del Padre, aunque no me acuerde de todas las celebraciones de este mágico
día, por razones obvias....
Recuerdo cómo, cuando éramos pequeñas, mis hermanas y yo hacíamos
"manualidades" en el cole para regalar a papá. Un cenicero de arcilla, un
portalápices, un pisapapeles o, cuando era más sofisticado, un "guardacartas" de
madera (aunque reconozco que este último no lo hice yo, debió de ser alguna de
mis hermanas porque no recuerdo habérmelo currado tanto).
Pero
siempre me acordaré del pisapapeles. En parte porque me encantó hacerlo, y en
parte porque mi padre todavía lo tiene colocado en una librería de la casa de
Los Molinos, la misma en la que tiene colocados los cds de música clásica.
Parece que fue ayer cuando bajé a la calle en Madrid con mis hermanas, a lo que
nosotras habíamos bautizado como "el campito" (un descampado de toda la vida).
Encontré entonces una piedra bastante grande, plana y gris y que después en
clase pinté con motivos geométricos en lila y amarillo y barnicé más tarde para
dejarla bien brillante. No puedo recordar qué dijo "papá", aunque me lo imagino
porque tanto a él como a mi madre siempre les gustaban mucho nuestras
"manualidades". El caso es que el pisapapeles sigue ahí, al lado de la mesa de
comedor en la que además es donde nos damos todos los regalos del año, con el
postre, incluidos claro los del Día del Padre.
Yo
siempre he pensado (sobre todo después de cumplir los 20) que tengo los mejores
padres del mundo, y lo sigo pensando, claro. Siempre han estado ahí, ayudándonos
y regañándonos cuando hacía falta. Y papá, por su profesión, nos ayudaba a que
nuestros dibujos de clase de "dibujo técnico", ya mayorcitas, fueran los mejores
del colegio. (Tarea dificilísima en mi caso, porque Dios no me dio el don de la
pintura, dibujo ni manifestaciones artísticas ningunas que se plasmen en lienzo
o papel). Y fue papá el que me llevó a
examinarme de primer curso de solfeo, estaba hecha un flan. Y por supuesto, fue
quien me llevó al altar el día de mi boda.
Creo que este pensamiento de que son los mejores padres del mundo
sólo podría verse superado por los padres de mis hijos J. Ojalá algún día mis hijos digan de mí lo que yo digo de mis
padres. Porque de su padre lo opinarán seguro, él sí que es un auténtico "padre
todoterreno", que igual cambia un pañal que se levanta de madrugada con las
pesadillas de Pablo, que tiene 2 años y medio, o se tira al suelo a jugar con
ellos, e incluso se deja peinar por nuestra hija Natalia, una auténtica
"princesita en potencia". Lo que todavía no hemos conseguido es que se deje
maquillar, pero todo se andará. La nena lleva dos semanas diciendo "estoy
haciendo un regalo para el Día del Padre pero no puedo decir nada, sólo que es
rojo con manchas negras y se está secando en clase".
Y yo
me acuerdo hace años (mil o dos mil), cuando mi hermana Begoña y mi prima
Cristina (que son de la misma edad) no podían aguantar el guardar el secreto del
regalo del Día de la Madre, y mi tía les decía que no se lo contaran. Se
acercaron a Nacho, hermano pequeño de Cris susurrando y después dijeron en voz
bien alta:
"Tranquila, sólo se lo hemos dicho a Nacho, que todavía no sabe decir
"CO-LLAR".
Feliz
Día, papás, sobre todo a mis dos "papis favoritos"
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