 Me
dice mi hermana Nuria que su hijo, que es mi ahijado y tiene 12 años, no
entiende cómo podía comunicarse con su entonces novio (hoy su marido y padre del
niño en cuestión) si no teníamos móviles ni direcciones de correo electrónico
para hablar por "email".
¿Entonces -pregunta alucinado- cómo quedabais y cómo te pidió salir? Para
él, totalmente "puesto" en nuevas tecnologías, es imposible pensar que no
chatearan o se mandaran mensajes sms al móvil, porque hoy lo que no se plantean
es llamar por teléfono al fijo de casa, como hemos hecho toda la vida.
Nuria
y yo recordamos entonces cómo, cuando salíamos con algún chico, nos llamaba a
casa y hablábamos con él desde el salón, porque en casa sólo había un teléfono.
Y cómo hablábamos con monosílabos delante de nuestros padres y nuestras otras
hermanas, menores que nosotras y que alucinadas, no podían creer que a sus
hermanas las llamaran chicos a casa. Pregunta también qué hacíamos cuando
quedábamos para tomar algo, si no existían ni el Vips, ni McDonalds... es entonces
cuando mi hermana le llama la atención, recordándole que hemos nacido en el
mismo siglo que él, y que nosotras (que sólo nos llevamos un año) no hemos
vivido en la Edad de Piedra.
Y es
que es increíble cómo pasa el tiempo, y cómo las cosas que antes nos explicaban
nuestros padres son ahora las mismas que nosotros explicamos a nuestros hijos,
pero recordando perfectamente esas conversaciones que teníamos hace años. Cuando
mi madre nos "regañaba" por decir "una mujer mayor, de unos 50 años", y ahora
somos nosotras las que estamos cerca de la cuarentena. Y eso
teniendo en cuenta que mis padres lo fueron muy jóvenes, con "veintipocos", no
como ahora que lo normal es tener hijos siendo algo mayores que entonces (al
menos es lo más habitual). Pensar que mis hijos, todavía pequeños de 4 y 2 años,
dentro de nada estarán enganchados a los sms con sus amigos (aunque tardemos en
comprarles el consabido telefonito, ese momento llegará), y quedarán para "tomar
algo o ir al cine", me pilla muy lejos, pero no tanto como quisiera.
También se nota esta evolución tan increíble en los regalos que se hacen
ahora a los niños: juegos para la consola, accesorios para jugar, consolas
"portables", volante para el juego de coches de la consola... Yo no me considero
una madre "a la antigua", aunque como todas tengo que hacer un esfuerzo muy
grande para racionar las horas de televisión, y prefiero que mis hijos se pongan
a pintar en la mesa de la cocina (que es donde nos gusta estar por las tardes),
o se tumben en la alfombra de su habitación y te pidan que les leas un cuento.
Lo que sí que no me gusta para ellos, al menos todavía, es la consola. Para eso,
lo reconozco, soy tradicional.
Una
frase muy de mi madre es: "toda la vida hemos hecho esto así y no nos ha pasado
nada". Y qué razón tiene. Toda la vida hemos jugado y disfrutado sin juegos ni
juguetes electrónicos, y sin consolas ni móviles ni ordenadores con los que
enviar emails. Nosotras hacíamos "comiditas" rallando trozos de ladrillo,
recuerdo que lo "vendíamos" en nuestra tienda, una casita de ladrillos que nos
hizo mi padre en la casa de los abuelos en Los Molinos. También jugábamos a los
viajes, haciendo una fila de sillas y llevando cada una su maletita, que eran
las maletas de ropa de nuestras muñecas. La verdad es que sólo con las
batallitas que vivimos hermanas y primos en Los Molinos, en casa de los abuelos,
podría escribir unas cuantas páginas. Qué tiempos aquellos, nada tecnológicos
por cierto.
|