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Todo se ha puesto en contra para que pudiera
escribiros. Dos semanas sin blog igual se os ha hecho demasiado largo. Tantas
cosas que contaros y ni un minuto para sentarme a escribir. Confieso que es un
blog de paso, porque sigo "volada" con un consorte "manco" por avatares del
deporte. Grandes eventos amistosos y familiares me tienen completamente
"hipotecada". La vida corre tanto, o yo corro tanto, que no ma acuerdo de por
dónde pasé en la carrera de estas dos últimas semanas que he estado fuera de
juego.
Un fin de semana en Italia, la muerte del padre de una gran
amiga y la boda de otra me han tenido absorta. En medio, la rotura de mano de mi
parejo, que me ha tenido entre hospitales, médicos y trámites varios. Pero ya
está. Semana nueva, vida nueva. Con la mirada puesta ahora en el
reportaje que voy a hacer sobre cooperación internacional y, sobre todo, en el
50 cumpleaños de mi querida hermana. 50 añazos. Y me parece que
tiene treinta y tantos... Y yo, veintitantos. Parece que fue ayer
que dormíamos juntas en la cama nido y compartíamos ya siendo dos mujercitas la
misma habitación. Ahora tenemos vidas tan distintas y distantes que da vértigo.
Así es la vida. Cada uno va por donde buenamente puede, quiere y le dejan.
En ese sentido, me ha impactado la boda de mi vieja amiga,
-que no amiga vieja-, que se casa con aquel chico que conoció hace 20 años y no
pudo ser, porque estaban en otras historias. 20 años después ha sido el momento.
Han tenido que esperar tanto tiempo para encontrarse. Confundirse, esperar... Pero
ya están juntos. Encajan en el puzle. Como también se ha vuelto a
perder otra pieza la del padre de otra amiga. Con ese funeral, lloré a mi padre,
lloré el paso del tiempo. Con la boda de mi amiga, lloré de emoción. Mucho.
Porque yo me emociono mucho. Algo que no está muy bien visto, es de blandos, es
de las de Belén Esteban. Pero yo que no soy Belén Esteban, no puedo evitar
llorar en los funerales, en las bodas y en aquellos momentos importantes.
Semana nueva, vida nueva. Pero yo seguiré llorando cuando me
emocione y me emocionaré mucho, porque soy sensible, porque lo siento mucho
todo, lo bueno y lo malo, porque el mundo me ha hecho así o porque vine así de
nacimiento, pero pienso seguir llorando,porque no puedo controlar las lágrimas
que salen directas del corazón. Al que no le gusta, que no mire. Ahora dicen que
viene mucho lo de ser sensible, "sensitive". Yo, como siempre, a
la última. Y ¡qué agusto te quedas después de una buena llorada! Yo me quedo
como nueva, es una suerte de liberación. Como reir o bailar. Sale
tanto por los ojos. Además yo que tengo falta de lágrimas, me lo
he autorecetado. Pero, siempre me preguntaré ¿cómo puede hacer la
gente para no llorar cuando está muy, muy emocionado? ¿cómo se puede disimular
un sentimiento tan fuerte?
Yo este lunes comienzo la semana "purificada" porque ya he
llorado mi "dosis". Además con las lágrimas artificiales me sigo
aliviando. También he bailado hasta que me temblaron las piernas y he reído como
hacía tiempo. Renovada yo, también masacrada por el cansancio, os
deseo lo mejor para esta semana de este helado mes de Febrero.
Mercedes Martel
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