He ido al cuarto de baño a llorar. Mi jefe me ha dado una mala contestación
y me han entrado unas ganas irrefrenables de llorar. Consigo sortear las
personas que me encuentro por el camino y llego hasta el espacio más intimo del
trabajo. Tan íntimo que las mujeres nos soltamos verbalmente casi tanto o más
como en las conversaciones en la cocina.
- "Hola, Elsa. ¿Cómo vas con las cervicales?"
-"Bien, bien, sólo que no consigo ni ir a rehabilitación. Y, tú, ¿fuiste al
"gine" para la revisión?"
-"No hay manera. Con los médicos de los niños, todavía no he pedido hora
para mí... "
-"Pues tienes que hacerlo. Acuérdate del cáncer de tu amiga. "
-"Tienes razón. La verdad es que estoy también mal con Carlos... Muy mal. Le
mandaría a tomar viento. Lo último que me echó en cara es que no hacía nada.
- ¿En serio?
- Sí, sí, como lo oyes. No valora que me encargo de los niños, de la comida
y de mi incipiente negocio. Para tres horitas de nada que estás con los niños
de qué te quejas -me dijo-. Cómico, ¿verdad? Por no llorar... Ya no lloro,
simplemente paso. Pero, ¿por qué estamos destinados a querernos sin
entendernos?
-"Lo siento, Inma, pero tengo que volver al trabajo".
Al oir otras historias, me voy olvidando de mi pena. Es lo que tiene. A
veces pienso que los psicólogos se hacen terapia a sí mísmos cuando están con
sus pacientes. Porque oyendo los males ajenos, ayuda mucho a relativizar y
canalizar los problemas propios.
-"Fue genial, Mila. Me llevó al Mercado de San Miguel a tomar un vino y
después a un japonés que hay por el centro. Estaba flipada con él. No me lo he
pasado mejor en mi vida. Hacía tiempo que no encontraba un tío tan divertido.
Además, es súper atractivo. Moreno, con una
pestañazas, una boca, unas manos... Ay, dios mío, Mila, que creo que me mola
demasiado... ¿Qué hago?
-"Pues, de momento, esperar a ver qué pretende... Es muy pronto"
-"Ya, tía, pero tendré que saber qué hacer... Oye, ¿no estarás celosa?"
-"Pero, ¿qué dices? Anda... si, tengo asumido ya mi rol de solterona...
-"Eso no se asume nunca..."
-"¡Cerda!"
- "Tienes razón, me he pasado. Quieres que le diga que busque un amigo y
salimos una noche"
- "Sí, claro, para que luego os vea cómo estáis de tontos y yo con el otro
no me coma un rosco. Lo que me pasa siempre..."
Me sequé las lágrimas. Tiré de la cadena y salí con mucha naturalidad. Tened
cuidado en los cuartos de baño. Feliz semana.
Te aconsejo... entras en demadres y no saludas en el chat... simplemente lees y lees y lees.
Es de lo mas entretenido...
Entra Pi, no hay nadie, saluda, entro yo, no hay nadie, hago monologo por si las moscas y alguien me ve, entra manrin, saluda y me contesta, pero media hora despues... total, yo no lo veo, entra Lu, saluda y busca gente, prudentemente se despide y se va.
Entra... y entra... y entra...
Y cuando tu jefe te contestes mal seguro que es porque tiene un juanete o el niño no le deja dormir... o porque su mujer esta enganchada a demadres y no le hace caso, o porque...
pero no porque tu te lo merezcas... así que, Nada de llorar que los hombres no se lo merecen...
No se si es verdad o imaginación. Lo que sí se es que podrias escribir una novela llamada " la espía del cuarto de baño" y seguro que tendria un éxito atroz¡¡ Me gusta muchísimo tu blog...sólo siento que entrases allí a llorar....¡Ponle una zancadilla al jefe!...y !ni caso¡
Es paradójico que, precisamente, el lugar que consideramos más íntimo sea en el que publicamos nuestros secretos. La próxima vez que entre en un cuarto de baño público te buscaré, registraré detrás (y debajo)de todas las puertas, buscaré el olor de tu perfume, Mercedes.
Ahora a lo serio del tema de esta semana: Lo de los jefes es así. Algunos son brutos de cuidado. No sé por qué las mujeres somos tan vulnerables a pesar de ser conscientes de ser buenas profesionales. ¡Ay!, a ver cuándo dejamos de necesitar la aprobación de los demás, parece algo intrínseco a las mujeres. Eduquemos bien a nuestras hijas para que lleguen a ser capaces de escuchar una crítica sin venirse abajo.
Que sí, que valemos, que trabajamos bien. Y si al jefe hay algo que no le gusta, está en su derecho, pero eso no nos hace menos profesionales. ¿Acaso habéis visto a algún hombre a quien se la haya reprendido por algo ir corriendo a refugiarse en el cua...
¡Uy!, se cortó, así que sigo aquí:
¿Acaso habéis visto a algún hombre a quien se la haya reprendido por algo ir corriendo a refugiarse en el cuarto de baño reprimiendo las lágrimas? No, porque han sido educados para ello. En cambio, a las muejres nos han hecho depender de continuos signos de aprobación. Aún tenemos en el subconsciente que nuestra obligación, en lugar de trabajar lo mejor que podamos, es gustar, agradar, gratificar, servir, etc. y no sólo en la casa, sino aplicando estos verbos al ámbito laboral. Por eso, cuando nos sabemos "no agradables", nos hundimos. ¿De qué sirve haber hecho un trabajo espléndido si no le ha gustado al jefe? ¿De qué sirve haber hecho 20 magníficos proyectos si uno nos ha fallado? Mirad a vuestros compañeros hombres, ¿les afecta tanto?
Bueno, ya tenemos trabajo para pensar en ello durante una semana. Gracias, Mercedes por abrir la caja de Pandora. Voy a observar a mis compañ...
a mi llorar me encanta, me relaja, y al final me brillan los ojos, osea que cuando tengo necesidad de llorar, me pongo una peli y ya esta, pero nunca por un jefe que no se lo merece.
Por otra parte, ¡que suerte tienes de tener un cuarto de baño asi! menos mal que yo no lo tengo sino creo que no trabajaria jajaja
Me encanta el blog
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