InicioBlogs Email al que pudo ser mi gran amor: Johan Sebastian Mastropiero
Email al que pudo ser mi gran amor: Johan Sebastian Mastropiero
(A mi gran amiga Lucy)
Te aseguro, Johan Sebastian, que lo hice sólo por celos. Y cómo se sufre
por celos. Todavía más en un momento de acné y "pavazo". Ahora, en otro estadio
de la vida, superados muchos problemas de identidad, no te habría hecho nada
parecido. ¿Por qué apareciste en el peor momento de mi vida? Invadida por los
granos en la cara, no era ni una linda niña, ni una mujer en toda regla. Era un
híbrido entre las coletas y la permanente. Y en ese estado tan poco definido,
una carne tan poco hecha, no podíamos llegar a nada. ¿Lo entiendes? Espero que
ahora sí. Pero ya es tarde.
Apareciste y me hiciste la más desgraciada. En esa edad del sufrir porque
sí, del nadie me entiende y de la soledad más intestina, surgiste como una seta
venenosa. Maldito.
Que fueras o te creyeras un músico no te exime de nada. Los músicos -lo
siento- si no sois grandes, no sois nadie. Yo, ya en mi pubertad, prometía.
Para qué falsas modestias. Era así. Tú, sin embargo, eras un "mindundi", un don
nadie. Con mucho nombre, pero sin contenido. Te faltaba personalidad. Por ser
el "nuevo" fichaje generaste expectación entre mis amistades. Entre
ellas, Ama Lía, un volcán hecho mujer. Y sucumbiste a sus encantos. Seguro que
ahora cuando me ves por la tele subida a mi taburete azul pitufo, tan digna y
rampante, te arrepentirás de no haber estado conmigo. Los hombres sois así. Ha
tenido que llegar otro extranjero para descubrirme. ¿Será posible?
Pude haberte hecho más daño, Johan Sebastian, pero tampoco quise infligirte
un daño fatal. Me bastaba una pequeña pero indeleble marca "imprevista" y
"casual"... para que no me olvidaras. Y por eso yo "me distraje" y dejé -qué
despiste más tonto- el cigarro encendido en la arena. Justo, justo donde
estabas sentado aquella noche en la que te ví abrazado a ella, a la más
sibilina de todas esas supuestas amigas de mi pubertad. Cuando revivo el
momento, recuerdo nítidamente tu grito, Johan Sebastian. No sé cómo pude
disimular mi satisfacción. Supiste enseguida que había sido yo, pero callaste.
Ignoro si por falta de valor o para no descubrirme.
En realidad tenía que haberle quemado a ella. Ama Lía no era atractiva,
pero sabía seducir. Manipuló la situación hasta que te tuvo en sus redes. Tú,
recién llegado de tu Salzburgo natal, te prendaste de mí. Una españolita con
pinta más bien de australiana, demasiado verde para una relación con un ser más
maduro, pero con tanto potencial...
Mientras yo jugaba a la comba, chicas como Ama Lía se te sentaban en tu
regazo, sin más. Ella tomó la iniciativa, arriesgó y ganó. Yo esperé sentada y
sentada me quedé. Logró Ama Lía que dejaras de mirarme. Así desapareciste. No
te culpo. No era nuestro momento, aunque nos atrajéramos tanto. Tanto.
Me pregunto dónde estarás ahora y si me guardas rencor. Yo guardo alguna
carta que me enviaste y pienso cómo habría sido nuestra vida en común. Un
músico de tan dudoso prestigio como tú, Johan Sebastian, por mucho renombre,
sólo habría sido feliz con una rubia como yo, tan inteligente y frívola. La
vida te da oportunidades, vas eligiendo y tú catapultaste tu bienestar al
quedarte con la morena, la mala, la poco atractiva y pero seductora. Ese tipo
de mujer te acaba abduciendo. Tú qué ibas a saber. Te dejaste llevar por el
arte de amar, por la revolución hormonal y por los tremendos pechos de aquella
chica.
¿Federica? Díme John. Tenemos una exclusiva para el próximo programa con el
Beethoven del siglo XXI. ¿Sí? Y..., ¿quién es? Pues, un tal Johan Sebastian
Mastropiero.
Mis Rampante, no sabe lo que se perdió. Ponte guapísima para esa entrevista, aunque lo de ser guapa, en ti, es natural y hazle ver lo que se ha pedido. Sedúcele y despues, a otra cosa mariposa
Me encanta esta faceta tuya. Me tienes enganchada.
Cuánto honor!!!, Gracias, Mercedes.
Menudas adolescentes éramos!! Pero somos dos patitos feos convertidos en cines. No tanto por lo estupendas que estemos, como por lo crecido en autoestima. Y eso lo ven los mastropieros que dejamos atrás.No tenemos,como la rampante, taburetes color pitufo... ni falta que nos hace!!!! Bendita madurez.
¡¡¡Genial¡ Srta. Rampante!! Desde luego que el engreido de Rastropiero no sabia lo que se perdía... ¡Véngate a gusto en la entrevista!
De verdad que es una historia , a la par que interesante, maravillosamente contada. Vas a tener que escribir un libro con las aventuras de la Rampante.
Thank you, thank you to all the members of my Club.... Yo ya estoy un poco aburrida de mi mísma y estoy pensando en reinventarme, como las buenas artistas... Pero de vosotras nunca me canso... Sois mis vitaminas!!!!
Uuuuyyyyy, ¡cuántos Mastropieros han circulado por nuestra adolescencia! Habría que verles ahora, ¡con lo mal que envejecen los hombres y lo rampantes que nosotras nos sentimos...!
Besos Federica y sigue tan reinventada cada día