|
Iba a titular este blog "Tocamientos" pero al poner la palabra en google me han salido tocamientos obscenos y no me ha parecido muy adecuado.
Sarkozy tiene fama de tocar mucho en las cumbres. Nuestro Rey D. Juan Carlos es bastante toc
ón en sus encuentros públicos también. Lo que le hace, -en mi opinión- más cercano. Zapatero intentó ser "tocón" el otro día en el funeral del gendarme asesinado por ETA, para aproximarse más al Presidente francés, Nicolas Sarkozy, pero a nuestro presidente no le sale natural. Intententó, con la mano, tener un gesto más cariñoso con Sarkozy, al decirle "Los españoles no nos olvidaremos nunca de este asesinato...", pero su mano parecía floja, de pego, nada natural. Mientras que una mano de Sarkozy es un raudal de energía. Es un verdadero tocamiento, un contacto asexuado pero contundente y real.
No sé por qué algunos tocan al hablar a sus interlocutores. Seguramente habrá razones muy diversas. Me interesa el roce, el contacto, el tocar al otro, incluso la caricia, el abrazo... Qué bueno es y qué poco lo practicamos. Yo recuerdo de niña las cosquillas que nos hacíamos mi hermano y yo, con cronómetro, para hacernos el mismo tiempo cada uno, en las tardes de verano, con la piel seca del sol y el relajo de las vacaciones. Recuerdo también los masajes que le hacía a mi padre y cómo peinaba a mi madre. Me gusta el contacto físico, lo necesito y me parece importante incluirlo en nuestras relaciones personales.
Soy, como dice Judith Mascó, de las que cuando van a la peluquería sueña con el momento de lavarse el pelo y siempre se me hace corto. Me derrito literalmente con unas cosquillas, un masaje... Tengo una larga mano de madera, igual que tenía mi padre, para darme el gusto cuando mi pica la espalda darme una buena rascada.
En el plano más emotivo, también doy importancia al roce. Un abrazo, una mano en un momento determinado valen má
s que mil palabras. Toquémosnos, besémosnos y abracémosnos que es un lenguaje vital, claro y mucho más directo que tanta palabrería.
Mercedes Martel
|