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Como sigo en Londres, me
permitiréis que siga introduciendo anglicismos
en vuestras aburridas vidas de madres y
padres... (No como la mía,
que cada día es más emocionante)
Además de entreteneros un poco, que falta os
hace, quiero también instruiros sobre el lenguaje
y sus nuevos vocablos. Tan flamantes que ni
siquiera los ha recogido ninguna academia
lingüística. Pero existen.
Anotad en vuestro cuaderno: To manrine; en
español, manrinear. Dícese del parecer de
pueblo, pero siendo culto, docto y sabio. Me explico. "Menrain", que así se
pronunciaría, no es lluvia de hombres, como
alguna desearía, no. Ni tampoco me
refiero al grandísimo artista de la
Fotografía, Man Ray. Tampoco. Es un término
recientemente acuñado en la jerga popular, que
una gran periodista como yo se ha apresurado a
recoger.
Nacer en un pueblo, no significa necesariamente
ser paleto. Parece una obviedad, pero hay quien sí lo cree. "Manrinear"
vendría a ser todo lo contrario de hacerse el snob. Esos cursis que intentan
aparentar lo que no son. Los "manrineros" son
humildes de formas
y muy ricos por dentro.
En un pueblo de la Mancha, de nombre
inolvidable... ¿Pathy, cómo se llamaba
el sitio éste donde estuvimos hace meses
"reportajeando" una romería tipical spanish? ¡Eso!, ¡en Villahermosa!,
pero ¡qué eficiente eres Pathy!. Pues en Villahermosa,
no sólo tuve el lujo de vivir intensamente una
romería, que ya tuve el gusto de contaros
antes de irme a vivir a Londres. En Villahermosa
aprendí el "manrineo". Es decir, el ir de
popular, de campechano, incluso hablando
ostensiblemente paleto. Algo que no es malo,
al contrario, es muy enriquecedor, porque hay
palabras que con tanta urbe y mezclas, hemos
ido perdiendo. Detrás de ese habla paleto, que tanto me
gusta, tan sano y divertido, no sólo hay una identidad y un orgullo de
pertenencia a una tierra. Detrás de ese habla paleto, hay mucha
sabiduría, mucho que aprender.
En mi cosmopolitismo,
echo de menos no haber nacido en un pueblo. No
haber tenido un pueblo donde ir el fin de semana.
Ahora que estoy en lo más alto, completamente
globalizada, echo en falta un origen pegado a la tierra y no al maldito
asfalto que nos tiene enganchados. Me sobra mucha
gente snob y me faltan "manrines",
que hayan o no llegado lejos o cerca. La distancia me
da igual. Me faltan "manrines" que hayan empezado
la carrera de la vida desde el principio, desde lo nuclear, o que tengan familia
en un lugar donde sólo lleguen carreteras nacionales como
mucho, donde no haya autopistas.
Manrin, puramente
manrín, sólo hay una e indivisible. Pero hay muchas
réplicas, escuelas y familias "manrineras",
gracias a Dios y a los hombres y mujeres
inteligentes que siguen creyendo en la vida de verdad, como
la que se viven en localidades en las que los habitantes se cuentan por
centenas, la gente se saluda, da las gracias, te pregunta qué tal está usted y
su familia... Algo tan trivial, que está en
peligro de extinción, entre la invasión de los chinos y otros colonos silentes,
y la explosión demográfica de la grandes urbes
que diluyen la buena educación y otros valores humanos
y éticos. No voy a entrar porque sino acabo como
el filósofo Marina y no llego a tanto. (Porque no me
lo propongo, claro)
Menos mal que existen "manrineras"
como ELLA. La más
manrín y la menos
esnob. La voy a introducir en mi staff del programa,
porque hay que reactivar ese ser humano en su
esencia, desde lo más sencillo, pero cultivado
y venido a más. ¡Qué viva Manrín y todos los
que con ella se identifiquen! No os rompáis la
cabeza, porque muy pocos sabéis de quién
hablo. Esos pocos son como ella. Manrines
ilustres y salaos. Seguro. Quedaros sólo con el conceto -que diría un gallego,
a mucha honra-. Intentad ser sencillos de
apariencia... y a ilustrarse todo lo que se pueda, sin cambiar
esa apariencia. Así es nuestra Manrin.
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