| La Rampante besa en directo a Mastropiero |
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Hablaban de un hijo -que yo sepa- estudió y dio conciertos de flauta travesera. Luego volvió a mí como el Guadiana, en Madrid, y una historieta amorosa tuvimos. Me quité la espinita. Lo divertido es la lista de mujeres que aparecía en su biografía amorosa. Qué morbo. Aquél papanatas desgarbado se había hecho un donjuán. La entrevista me "ponía" cada vez más. Seguí documentándome, aunque lo que realmente me interesaba era su parte personal. Musicalmente siguió siendo muy mediocre hasta que lo "apadrinó" una de sus amantes y de ahí saltó a la fama. Al parecer también saltó -con perdón- en varios lechos y con varias féminas. Mira tú con el austríaco que parecía tan poco interesante, cómo se lo montó. No hay que desestimar nunca a los Mastropieros. Nunca. Tampoco a las rubias como yo, que de menores se quedan en la recámara, no lustran, y luego... Llegó el día. Me fui a darme un masaje de chocolate y unas sesiones de estética para lucir cual estrella mediática que era. Cuando llegué a maquillarme, las compañeras estaban admiradas con mi aspecto. Me adulaban más que nunca. En la tele, si no eres estrella, te dicen que tienes ojeras y patas de gallo, aunque no la tengas. Pero a una grande como yo sólo nos dicen lo guapas que estamos. Opté por un vestido de corte sencillo, pero en rojo, para darle pasión al momento. Me fui unos minutos antes al estudio a repasar la entrevista y sentada en el taburete azul pitufo reviví como una película mi encuentro con Johan Sebastian Mastropiero. La primera parte en la que él se esfumó y la segunda, que fue tan frugal como emocionante. Como si me hubiera dormido en mi recuerdo y casi sin darme cuenta llegaron los aplausos. Johan Sebastian Mastropiero... gran músico del siglo XXI... ¿Era su sueño llegar hasta donde ha llegado? Mastropiero me miraba casi sin parpadear. Le costaba empezar la respuesta. Hubo un momento de pánico, porque pensé que nuestro genio se había quedado en blanco. Primera vez que me pasaba. Repregunté. Quiero decir, ¿se imaginaba de pequeño como músico, no sólo ya viviendo de la música sino triunfando con la música y estar entre los grandes? Noté cómo tragó saliva. Jugaba nervioso con las manos. Pero, sobre todo, no dejaba de mirarme. Había hecho ya entrevistas en mi vida, pero ésta me estaba haciendo sudar tinta china. Por fin... En absoluto me imaginaba ser músico. No creo que sea de los grandes. También en este mundo hay modas. Hoy estoy aquí, pero mañana puedo estar dando clases de violín. Intentaré hacerlo con la misma pasión con la que dirijo un concierto de Año Nuevo en Viena. Así continuó la entrevista la media hora que duró. Luego se integró en el reality como si fuera un actor más. Dio mucho juego, coqueteó mucho con el público, con las concursantes, ... y conmigo mantuvo la distancia, pero su mirada... ¡¡¡seguía persiguiéndome!!! Realización me dió el aviso para despedirnos. 5 minutos. 5 minutos en televisión pueden ser muy largos. Sr. Matropiero, un placer... Y ahora como amigos que fuimos me despido ... (le planté un fugaz beso en la boca, así sobre la marcha a lo Iker Casillas pero sin tanta pasión)... Decía, Sr Mastropiero, que como amigos que fuimos, le pido que me toque... Que me toque, por favor... algo de Satie. No es su obra, lo siento, pero con Satie le descubrí a usted y con él quiero despedir el programa. Con las Gymnopédies de Erik Satie dejamos los últimos minutos, en antena, cogidos de la manos, como dos viejos amigos, hablando de los viejos tiempos. Qué difícil traer lo personal a un plató de televisión. Lo personal de verdad no los "tomates", ni los "sálvames". Ahora vuelvo a ver el beso que le planté a Mastropiero frente a las cámaras. ¿De verdad se lo dí?
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