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Voy a hablaros de
los grandes palos que te propina la vida. A veces, los ves venir, otras te
sorprenden. No sé qué es peor. Cuando te sobreviene una terrible noticia
personal, es imposible predecir cómo vas a reaccionar. Esas sorpresas pueden dar
un vuelco a tu vida y a las de tu entorno. Conozco muchas personas que han
sufrido una hecatombe, como los son una enfermedad grave, la muerte de un ser
muy, muy querido, un tremendo accidente... Entonces sale un yo que antes no
conocías.
Hay gente que me ha
sorprendido por su entereza, por los escudos que usa para evitar más daños de
los justos. Otros, en cambio, más fuertes en aparencia, se vienen abajo, se
hunden. Son los misterios del ser humano, los misterios de la vida.
Cuando te toca una
tremenda desgracia, te llevas, primero, una gran sorpresa. No te lo puedes
creer. Es como si pensaras que nunca te va a pasar nada malo, como si nos
creyéramos inmortales. Pero la lotería de la vida es azar y capricho. No lo
asumimos nunca, ni cuando nos pasa algo tremendo. De la incredulidad, pasamos al
gran golpe, el descalabro. Se nos cae el mundo ante el drama personal y luego
ya, dependiendo de la duración de la desgracia vamos remontando o hundiéndonos
en el fango, según personas y circunstancias.
Cuántos héroes y
heroínas he conocido, que sufren en silencio y en soledad. Porque normalmente en
estas circunstacias, se está muy solo. Pienso en dos "foreras" de Demadres, en
realidad son más que "foreras", -y hasta ahí puedo decir...- que superaron
sendas historias, para mí épicas, más que cualquier que la de cualquier
descubridor de tierras. Por esas heroínas en la sombra, que luego resurgen de
sus males y nos insuflan toda su energía y optimismo. Por ellas, por la piedis y
marilús que haya por el mundo, dedico mi modesto blog semanal.
Que disfrutéis de la
vida cada hora, ¡que la muerte viene sola!
Mercedes Martel
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