| No acumulo anios, los dejo pasar |
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¿Por qué hablamos tanto y, sobre todo, tan sorprendidos, de un fenómeno tan natural y propio de una época del año? Parece que no tuviéramos memoria... O no tuviéramos otra cosa mejor que hablar. O no quisiéramos... En mi caso así es. Me duelen mucho dos personas. Por eso, esta semana aparco la ficción y mis personajes para desahogarme y, si fuera posible, dar ánimo y coraje a quienes sufren enfermedades. Una de las personas que me duele, está al final del túnel. Convalece de una operación, pero ya sin riesgos. Desde aquí, Miss García, mucho, mucho ánimo. Nos vemos pronto... Aunque sea en un centro de desintoxicación de hierro y morfina. La otra empieza el túnel... Creo que lo mejor para sobrellevar palos de esta envergadura es recurrir al humor o, simplemente hablar de otra cosa. Como del calor ya estoy aburrida, improviso un post, como improviso esos mensajes absurdos e inconsistentes, para que durante unos segundos mis dos amigas no piensen en su dolor. Hace una semana me escapé a un pequeño pueblo de Guadalajara, Imón, cerca de Sigüenza. En un pequeñito hotel, pero muy cuco, nos escondimos una noche. Los dueños del lugar, una pareja de gays, te hacían sentir los reyes de la existencia. Buscando agradar en todo momento... pero sin atosigar. Un sencillo lujo. Fuera, recordando que no somos nadie, unas salinas romanas, que veíamos dede la torre de la hospedería. No hubo cena romántica, sino de pueblo. Eso sí, el romanticismo fue constante durante la escapa, menos en la "intimidad" del cuarto de baño, que desafortunadamente no tenía puertas... No hubo cena romántica, pero la cena en Atienza fue rica, rica, rica. Un encargado, con aspecto de cocinero vasco, fue despachándonos unos platos de rechuparse los dedos. En cantidad, calidad y buen gusto. En la mesa contigua, otra cena familiar. Iban llegando los comensales y como el restaurante era pequeño era imposible no seguir la conversación de nuestros vecinos. De todo lo que oí y sonreí, me quedo con la respuesta del más anciano de la mesa. Un octogenario, recio, con pinta de haber trabajado duro, pero con un aspecto sano, despejado y estupendo. Estaba otro de los parientes hablando de sus males, con sus ya sesenta y pico años. Viendo que el más viejo estaba callado, uno de los nietos le preguntó. Abuelo, y ¿tú cómo haces para estar así de bien? Y el hombre contestó "Es que yo no acumulo años, los dejo pasar...." Yo voy a dejarlos pasar todo lo intensamente que pueda... Amigas que sufrís: os contaría un buen chiste, para que os riáis. Pero no lo hago, porque tengo muy poco gracia. Que cada semana sea un poco mejor o, al menos, no empeore. Mucho ánimo. Mucho. Todo el que necesitéis hasta llenar vuestros depósitos de energía. Lo hago extensivo a quien me esté leyendo y lo necesite.
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