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De nada me sirvió escaparme con las gafas y el pareo el fin de semana en Canarias. Sigo con el frío en el cuerpo. El Corte Inglés anuncia la primavera, pero me cuesta creermelo. Me cuesta creer que volverá el calor, el sol y los pajaritos, que deben pensar que España se ha desplazado hacia el Norte. ¿Dónde está el calentamiento? O, ¿este invierno tan invierno es por el cambio climático?
Miro la revistas de moda, llenas de azul añil y ropa vaquera, que ahora llaman denim (el tejido que fabricaba en la ciudad francesa de Denîm similar a los jeans americanos). Busco en las revistas de moda el color, harta del gris, marrón y negro de este crudo invierno. Qué ganas de salir con la rebequita y soltar el abrigo, la bufanda y el paraguas. Qué ganas de calentarme los huesos con el sol. La parte buena es que tenemos más margen para la operación bikini, que dos de nuestras blogueras están afrontando con mucha fuerza de voluntad.
En este crudo invierno, en el que apenas se puede salir, me consuelo mucho con una pareja de amigos. Él, un señor con barba y zapatos muy elegantes. Ella, una jovencita morena, alta y esbelta, con manos de pianista. Me lo ponen fácil, porque siempre vienen a mi casa. Yo les cocino una pasta fusión, creativa y única, pues me la invento sobre la marcha y luego no me acuerdo cómo la hice.
Una buena pasta, eso sí, italiana de verdad. Suelo hacerla con verdurita, moluscos y diferentes combinaciones experimentales. La cocino con mucho amor, en agradecimiento a su visita y entrega. Estamos tan a gusto, que hasta se nos suelta la lengua... ejem, y otras cosas, ¡excepcionalmente!. Son mi tabla de salvación en los largos inviernos, en las enfermedades, en los problemas.
Y entre bodas, fuenerales, pastas y cocidos, (tengo uno este fin de semana, ya os contaré), a ver si pasa este maldito invierno.
Menos mal que tengo este rincón y os tengo a vosotros. Que disfrutéis lo que podáis.
Mercedes Martel
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